lunes, 18 de noviembre de 2013

Tecnología y vida

Adoro Madrid. Adoro su polivalencia, su cultura, sus opciones, su gente...Pero ha sido en medio de su variedad donde me he dado cuenta de uno de los mayores problemas de la humanidad en la actualidad.
Hace ya miles de años que desaprendimos a escuchar, a oler, a tocar...y ahora, hemos desaprendido a mirar. La gente ya no observa a su alrededor, ya nada nos sorprende. Nos hemos sumido en un sueño profundo arraigado en una burbuja creada por nuestra propia desatención. Nos hemos dejado hipnotizar por los trucos de la tecnología y la pseudocomunicación hasta tal punto que hemos olvidado sus verdaderas raíces.
Hoy día los niños saben interpretar la diferencia entre el jajaja y sus derivados virtuales con el ji, je; pero han olvidado el valor de una carcajada en el columpio de un parque. Conocen hasta el último detalle sobre el envío de datos a través de conexiones con nombres casi inefables, pero son cada vez más incapaces de enviar un mensaje de amor, de amistad, de comprensión...Nuestra tarifa de datos cada vez incluye más minutos de llamada, pero nos resta momentos que compartir a través de ellos. El 4G es tan rápido que ya no nos percatamos de la sonoridad de un pestañeo en los ojos de la mujer más hermosa, aunque siempre conoceremos su estado de ánimo por cómo deletreó en nuestro Whatsap esta noche un insensible te quiero.
Volviendo a Madrid, al escenario que impulsó esta breve narración; he sido testigo de verdaderos artistas en la línea de metro incapaces de reunir unas monedas, o tan siquiera una sonrisa, un gesto de interés, tras interpretar grandes piezas de los más variados géneros musicales. He podido observar como la gente mira de reojo a pobres personas que viven en la miseria y que tratan cada día de llevar su mensaje de socorro con la esperanza de que aparezca un alma caritativa que les ayude a superar un día más en la jungla de asfalto, y contemplar como ni siquiera se inmutan. Hemos llegado al punto en que una vida, una oportunidad, un intento, no valen nada, salvo que nos la den en Candy Crush.

"Hoy en día las bombas son más inteligentes que el general que las lanza, paz no alcanzará la raza humana"
   
                                                                                          Xhelazz



martes, 23 de julio de 2013

Sobre el talento y el esfuerzo.

El problema de la gente de hoy es que no se atreve a explorar la novedad. Tienen miedo a descubrir nuevas actividades, y se encierran en su terreno. ¿Que de qué hablo?
Hoy en día, existen millones de posibilidades para dedicar parte de nuestro ocio, o incluso de nuestro trabajo. Pero no nos probamos. Y si llegamos a hacerlo, nos dejamos caer en el abandono enseguida al comprobar que progresar va a ser lento y costoso. ¿por qué? Porque no tenemos talento para ello.

Sinceramente, creo que al contrario de lo que se suele opinar, el talento está sobrevalorado. Es el entrenamiento, la práctica, el ensayo-error, lo que nos hace progresar en cualquier disciplina. Es la constancia y el trabajo diario lo que nos hace desarrollar nuestras capacidades al máximo.
En mi modesta opinión, eso a lo que llamamos talento (el haber nacido para ello) solo muestra su efecto en la meta, en el sprint final. El talento es lo que distingue a una persona muy buena de un genio, sea en la materia que sea.

Tal vez nunca lleguéis a ser los mejores en algo que os gusta, pero puedo aseguraros que si os lo planteáis, seréis muy buenos. Si lo que os mueve es la competición, olvidad estas palabras, no son para vosotros. Pero sinceramente, creo que, al menos a la larga, vale más la persona que saca un notable estudiando al 100% de sus posibilidades. que aquella que saca un sobresaliente sin ningún tipo de esfuerzo. Tal vez no a los ojos de los demás, pero si a nivel personal. Y la felicidad de cada uno está en sí mismo, no en la opinión del resto.

lunes, 15 de octubre de 2012

Luces, micrófono y acción.

Las luces se apagan, y suena nuestra tenebrosa melodía. Queríamos empezar con un toque tétrico, y vaya si lo conseguimos. Empieza el juego.
Me subo a la tarima, agarro el micrófono, y miro al público. Veo caras sonrientes, otras impacientes, alguna indiferente. Pero a mi ya me da igual. Ahora sólo estoy centrado en mi próxima tarea, disfrutar.
Comienza a sonar la primera instrumental. Si había algún resquicio de nervios dentro de mí, os puedo jurar que ha desaparecido por completo. Siento seguridad, la seguridad de tener a mi lado no a un compañero, a otro rapero, sino a un amigo. La seguridad de que en primera fila aguardan otros tantos, los de siempre, que se suele decir. Bueno, pues me toca, como dice mi canción. He perdido el sentido del tiempo, del espacio. He perdido la noción de la vergüenza, de la expresión de mi cara. Pero he obtenido algo a cambio. Tengo poder. Tengo el poder de conseguir que la gente sonria, que salte, que chille, que cante. Tengo la capacidad de que sientan lo mismo que siento yo; que durante media hora, no existen los problemas.
Media hora de sudor, de ronquera, de gritos, de música...de felicidad.
Gracias a todos por brindarme esa media hora durante la cual, soy el tipo más feliz del mundo. Y es aún mejor que eso, porque la felicidad, si es compartida, sabe mejor.

jueves, 4 de octubre de 2012

Buenas noches.

Soy una sombra. Soy un número guardado en la agenda de desconocidos que se hacen llamar amigos. Soy el momento de lucidez de uno de tantos sueños que tuve, subconsciente y tan relativo como la utopía de recordarlo. ¿Qué es un sueño? Un sueño es un posible y un imposible. Tan irreal como lo más descalabrado, y tan veraz que arranca lágrimas de melancolía de los ojos de quien imagina lo que durante el día se torna invisible.Es el fuego que enciende nuestros deseos más encarnados, pero también el veneno que acaba día a día contigo por dentro, autodestructiva dulzura.
Y por ello, me debato en la pesadilla del dormir despierto. En lo tenebroso de visualizar la luz en el fondo de un túnel cuyo camino recorro lentamente en dirección opuesta a ella. Soy un loco. O tal vez aún peor. Un cuerdo atado por las cuerdas de su sin razón momentánea. ¿Pero qué diferencia hay?
Dicen que el mundo pertenece a los locos. Ojalá. El mundo es de quien llaman loco porque aplasta, destruye y calumnia. Pero haced examen de conciencia, y tal vez descubráis en vuestro ser la magnificación de esa actitud, y en vuestro haber la exageración de esas acciones. Por eso sueño, porque pese a lo cruel de la imagen que recorre una a una todas las neuronas de mi cerebro, porque a pesar de la mentira que me muestra día y noche al cerrar mis ojos, es más soportable que lo que hay cuando mis párpados se separan. Y por un motivo más; el que me lanza a seguir esperando el momento en que, al despertar, crea seguir sumido en mi más ideal y profundo subconsciente. Buenas noches esperanza.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Bailar en tu boca...

Lo sé, es una locura. Y no es que esté loco por ella. Es que soy loco por ella.
Y es que cómo no serlo cuando la locura aparece en forma de boca y la perdición más anhelada por un hombre en forma de beso. Lo admito, me deshago ante el contacto de cada una de sus caricias, lo busco sin cesar, esperando aprenderme cada fisura de sus labios, cada detalle de su lengua buscando en la mía un mudo te quiero. Es tuyo si así lo deseas; ya sabes de sobra que soy incapaz de resistir a tus peticiones, vulnerable a cada uno de tus caprichos, adicto a tu felicidad.
Porque bailar en tu boca puede parecer una locura. Y el mundo pertenece a los locos.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Imparcialidad relativa.

Desde tiempos inmemorables el ser humano ha buscado el agrupamiento como método de supervivencia y de relación, como grupos de simios hace millones de años, como clanes no mucho después, en algunas de sus etapas evolutivas, como pueblos, ciudades, y un sin fin de asociaciones que podríamos denominar para referirnos a ello. Estas asociaciones daban grandes ventajas al grupo, pero también han causado siempre disputas y conflictos entre sus miembros. Por ello, el ser humano ha buscado siempre métodos para organizarse y resolver estos problemas. De esta forma, unos elegían un líder (o este se autoproclamaba mediante el uso de su fuerza), otros preferían unirse a debatir, y con el paso del tiempo hemos podido comprobar como estos sistemas han ido evolucionando hasta procesos como la democracia parlamentaria, y la creación de organismos como el Poder Legislativo (capacidad de creación de leyes) o el Judicial (capacidad de judgar si alguien ha incumplido o no una ley). Estos poderes aparecen a veces separados, o a veces incluso concentrados en un ente o grupo de personas muy reducido. Y son estos grupos los que han ido formando una cultura legal que, junto con las costumbres y los valores que adoptamos, son nuestra guía en la toma de decisiones y en la valoración de las mismas. Y aquí yace la primera limitación de este sistema.
Todo este conjunto de leyes, de valores, de costumbres, y de cualquier otro tipo de idea que pueda tomar parte en la toma de una decisión o juicio está basada en algo que nos ha sido transferido y enseñado por otras personas, y que volviendo atrás en el tiempo están fundamentados en principios cambiantes según factores como el lugar del que provenimos, el avance cultural disponible, la riqueza, las características poblacionales, el modo de poder establecido, y un sin fin de ellas más. Por ello, existen a menudo discordancias entre distintas poblaciones acerca de los modos de pensar, la manera de afrontar un conflicto, o abstrayéndonos mucho más, de lo que está bien y lo que está mal.
La imparcialidad es un criterio de justicia que sostiene que las decisiones deben tomarse con base a criterios objetivos, sin influencias de sesgosprejuicios o tratos diferenciados por razones inapropiadas.
El humano crea todo este conjunto de medidas en pos de cubrir unas necesidades que nacen de acuerdo a las peticiones de la sociedad que pretende regular, y esto lleva inevitablemente a la parcialidad. 
Preguntémonos sino por qué en un lugar casarte y tener una amante es socialmente repelido, y sin embargo otros países permiten la poligamia. ¿Es peor su normativa o su costumbre? No lo creo.
Cualquier decisión que tomemos está sujeta a la parcialidad, ya que inconscientemente nuestros juicios personales vana  buscar respuesta a lo que nuestra mente tiene almacenado como resolución al problema que se nos plantee, idea que jamás será igual en todo lugar geográfico del mundo. Esto lo podemos denominar sesgo de localización. 
También encontraremos que en una misma asociación social, distintos miembros no comparten el mismo juicio por características étnicas, económicas, sexuales, personales, religiosas...Este será el sesgo de rol social, y es tal vez el más amplio de todos.
Y hemos de darnos cuenta que además, 1) esa idea de la que hablo ha sido introducida por aquel que nos lo enseñó, y que esa persona la habrá introducido en la medida en que haya considerado oportuna. 2) Por supuesto, estas ideas pueden ir transformándose a medida que las ponemos en práctica y vemos sus resultados en nuestra vida diaria. Aquí es donde encontramos el sesgo de aprendizaje:
1) Sesgo de aprendizaje externo
2) Sesgo de aprendizaje interno
Y por si fuera poco, no todas las ideas que nos son introducidas son siempre utilizadas en la misma medida, ya que en cualquier decisión influye el contexto de la misma, habiendo momentos en que podemos actuar en contra de nuestros principios en pos de un beneficio personal o ajeno, o atribuirle a una situación más o menos importancia según qué nos rodea. Este último será el sesgo de contexto.
Todos estos determinantes contribuyen a la parcialidad y la relatividad de forma inexorable. 
Y sin embargo, como ya antes hemos especificado, nos vemos en la obligación de adoptar ciertas normas que son de "común acuerdo" y que regulan la convivencia humana, así como su relación con el medio y las situaciones planteadas. Por ello creo necesario la introducción del término Imparcialidad Relativa*, designando con él la capacidad de tomar una decisión o de dar una valoración (a la que cual llamaríamos comúnmente imparcial) dentro de unos prejuicios personales acordes con lo normativamente aceptado, pero con capacidad de adaptación y superación de todos los sesgos anteriormente nombrados. Deberíamos decir que para dar una decisión de una imparcialidad relativa muy alta, tendríamos que ser capaces de realizar una valoración empática*.
A continuación veremos un ejemplo de esto anteriormente explicado. Planteemos una situación en la que yo, joven de 21 años español criado en una familia de clase media y con todas mis características personales, me encuentro ante la siguiente problemática. Dos personas discuten porque una de ellas ha hecho un comentario blasfemo, y la otra, de catolicismo convencido, se lo ha recriminado. Mi reacción normal sería (y la tomaremos como respuesta estándar ante todas las propuestas que haré a continuación) tratar de finalizar la disputa, separando a los enfrentados. 
Ya podemos observar un primer sesgo del tipo rol social: Mi papel en una disputa es el de creación de paz, el intento de calmar la situación, sin ponerme a favor de uno u otro dejando de lado mis ideas. Pero el hecho de actuar ya me diferencia de una persona que ante la misma situación, decide no entrometerse. También debido a mis ideas podría tomar más parte por uno u otro, lo cual me llevaría a introducir mi ideología religiosa en mi toma de decisiones.
Imaginemos que este problema se da en un país en que la cultura religiosa es más profunda que España. Es posible que el blasfemo salga peor de esa situación, y que yo comprendiera más a aquel que defiende sus ideas religiosas, aunque mi actuación consistiera igualmente en separarlos sin introducir mis ideas de por medio. Por ello, el lugar está influyendo en mi juicio, dando un sesgo de localización.
Añadamos ahora a esta situación el hecho de que mi familia me hubiera enseñado que si tengo que tomar parte en una disputa, debo hacerlo utilizando la fuerza. Podría hacerlo, o tal vez debido a situaciones similares anteriores en las que el empleo de la fuerza fue un fracaso, decida tratar de dialogar con ambos. Esto lo consideraremos un sesgo de aprendizaje.
Y ahora, consideremos esta misma disputa, dándose en medio de la calle, o a la puerta de una Iglesia (o cualquier edificio religioso). Es fácil pensar que exigiremos más respeto al blasfemo cerca de un edificio religioso (donde más gente puede sentirse ofendida) que en medio de la calle, y también afectará a nuestro juicio de la situación.
De aquí podemos sacar dos conclusiones básicas: la primera es que en cada situación entran en juego todos los factores anteriormente nombrados, y la calidad de nuestro juicio vendrá dada por la unión de todos ellos. No debemos confundir nuestra valoración con nuestra actuación posterior, ya que pese a un juicio muy sesgado, podemos realizar una actuación que sobrepase esos sesgos, lo cual representaría una actuación empática*. La segunda conclusión es que ningún sesgo tiene un límite claro que lo distinga de otro, ya que cada situación puede llegar a un alto nivel de complejidad, y ninguno de los anteriormente descritos puede abarcar por si solo una problemática.


" La imparcialidad no es más que el reflejo de la ignorancia de aquel que cree imponer una verdad sujeta a su propia parcialidad."




                                                                                             ***Pendiente de revisión***


lunes, 6 de febrero de 2012

Un dia de lluvia.

Dicen que el amor imposible tiene su gracia;
necios. No amarte a ti seria de chiste.
Que si tu estás triste llueve, y pretendo el sol
y solo me conmueve saber que sonreirás cuando pruebe.
Que si tu estás triste llueve, y no es de recibo
estar vivo en esa nube, pues no es más
que un monzón de lágrimas de tinta negra
susurrando al golpear el olvido de mi libreta.
Que si no llueve, todos ofrecerán cobijo.
Pero, lo sientas o no, diles adiós.
Que de noche todos los gatos son pardos
y cuando llueve se esconden y bajan de tu tejado.
Tu sólo dime hola, sonríe
al fin y al cabo sólo es agua pretendiente de tu cuerpo.
Dame un beso, que se ponga celoso el aguacero,
y que le joda a la tormenta rabiosa por dentro.