“No
podemos resolver problemas pensando de la misma manera que cuando los creamos” Albert Einstein
España, desde hace ya unos cuantos años, se ha
convertido en uno de los mayores ejemplos de decadencia gubernamental, moral, y
sobre todo, intelectual, en toda Europa. Y pese a que nos encante tirar pelotas
al tejado de la casta política, o mejor aún, tirar piedras a la policía
nacional, lo cierto es que no nos damos cuenta de dónde se arraiga la raíz del
problema; en nosotros.
Si tuviéramos que definir al español medio, nos
bastaría con nombrar dos características que dejan entrever ya las causas de
nuestra situación actual. La primera y más indudable es que el español sabe de
todo. Da igual cuál sea el tema de conversación, ya que cualquiera de nuestros
compatriotas tendrá una opinión madura, bien formada, y sobradamente
fundamentada (véase la ironía) que defenderá con uñas y dientes a costa de su
propio idiotismo. Y la segunda y no menos importante es que un español es la
marioneta más cómoda y fácil de manejar del mercado del juguete. Tan solo
llénale de información confusa y entremezclada, y observa como su cabeza se
llena de datos y frases preestablecidas que serán captados como verdad absoluta
sin ningún tipo de duda previa.
Así nos va. El español es el único ser sobre la
tierra capaz de quejarse sobre la crisis (que gran palabra) y criticar a
aquellos que se manifiestan contra ella en un mismo día. Es el único que
ensucia el nombre de su país con miles de insultos como peculiar manera de
protestar por su frágil situación económica, y que más tarde gastará los
ahorros de una larga temporada y se pintará la cara con su bandera para animar
a un equipo de 22 mercenarios que perciben más dinero en un mes que él/ella en
toda su vida. Fútbol, el opio del pueblo…Dale a un español fútbol y noticias
sobre el Ébola, y disfruta metiendo la mano en su bolsillo. Puedes estar
tranquilo, no va a enterarse de nada.
Para aquellos que piensen que frivolizo con un
tema tan grave y actual como es el Ébola, sepan que como profesional sanitario
que soy, me lo tomo muy en serio. Pero me gustaría recordar a mucha gente que
mientras los casos de posible contagio (ni siquiera son asegurados) por dicha
enfermedad en nuestro país no han alcanzado siquiera el centenar, otra enfermedad
mucho más grave se extiende entre nosotros como una verdadera pandemia: la
pobreza. Ya en 2013 el 21´8% de la población vivía bajo el umbral de la
pobreza, y un 6´8% eran casos severos (menos de 307 euros al mes), según datos
de la EAPN. Estos datos suponen respectivamente unos 9 millones y 3 millones de
personas aproximadamente. No concuerdo en prácticamente ninguna de las “ideas”
que nuestra actual ministra de Sanidad ha propuesto a lo largo de los últimos
años, pero el trato que le estamos dando no me parece justo. Mucha gente de a
pie pide su dimisión porque no ha sabido
llevar la situación o porque las
medidas que han sido tomadas han sido insuficientes e improvisadas. Es más
que evidente que la señora Ana Mato se ha visto desbordada por este problema,
pero ¿qué esperaban? La enfermedad del Ébola ha sido inexistente para España
durante años, nunca nadie se preocupó por ella, y de ahí la falta de medios
para afrontarla. Parece que todos saben cómo abordar el tema, todos conocen las
formas de contagio del virus, todos conocen los protocolos de seguridad que
deberían haberse tomado en una situación de esta índole. De todos aquellos que
tanto saben ¿Cuántos han propuesto una solución real? Yo les diré la respuesta,
ninguno.
Abandonemos la hipocresía que de cara a toda
Europa nos define, dejemos de un lado todos los falsos prejuicios que nos
caracterizan, y sobre todo, abramos los ojos. No nos dejemos engañar, distraer,
o manipular por información dirigida y canalizada con un único objetivo, la
idiotización social masiva. Como dijeron mis padres, y seguramente los
vuestros: Que el árbol no te impida ver el bosque.