Todo va bien, la vida es maravillosa. Y de repente...todo ocurre. Que más da que sea la pérdida de un ser querido, la ruptura de una relación, un despido, un accidente...
De repente te encuentras solo, sin más respaldo que el aire, que se niega a seguir sujetándote más. Y caemos.
Lo típico al ver que uno se cae es equilibrarse, buscar algo sobre lo que sostenerse. Así me ha ocurrido hoy. Y en esos momentos es cuando descubres algo que no siempre es distinguible. ¿Cuál es tu sustento? ¿Quiénes son esas personas en las que piensas cuando nada parece escapar a la mala suerte?
No son muchos los rostros que han pasado por mi mente, cinco concretamente. Suficientes sin embargo. Ver esas caras ya me transmitió cierta seguridad. Y más aún ver que una de ellas aparecía tan veloz como pudo a mi llamada...
Esta vez fuiste tú, mañana será cualquiera de vosotros. Supongo que por estas apariciones fugaces en determinados momentos, es por lo que sé a ciencia cierta que sois lo que más quiero y valoro en este mundo.
Gracias a vosotros por existir, y gracias a quién deba dárselas por hacer que fuerais mis amigos.
Y a ti por dejar todo de lado por sacarme una sonrisa, por temblar con mi nerviosisimo, por calmar mi inquietud, como siempre has sabido hacer, mi más sincero agradecimiento.
jueves, 26 de mayo de 2011
martes, 24 de mayo de 2011
Huellas y detalles.
Porque sí. Porque existen momentos en los que paras a reflexionar, y dices: ¿qué coño hago aquí?
Y es entonces cuando vuelves atrás la mirada, te fijas en las últimas huellas que dejaste impresas en el suelo, y después clavas tu vista en el horizonte. De allí vengo. De ese horizonte constituido por recuerdos (unos buenos y otros no tanto) con los que voy construyendo, como hago ahora con este cuaderno, la corta pero intensa historia de mi vida.
Cada uno tiene su historia, y yo no pienso aburriros con la mía. Tardaría siglos en hacer un resumen, no hablemos ya de expresar los detalles de un mísero minuto de mi existencia. Esta vez sólo quiero dar gracias por tener una historia que no quiera contar. Dar gracias por unos padres ejemplares, que me han criado desde que nací, que me han enseñado a dar cada paso (sí, ese que deja cada huella de la que antes os hablaba), que me han inculcado valores por los que hoy soy quien soy, que me enseñaron el valor del sacrificio y el esfuerzo para conseguir mis objetivos. Por supuesto también doy gracias por todos los familiares que colaboraron en cada tarea. Amigos, personas importantes en la vida de cualquier ser humano que se precie...gracias también por haber aparecido en mi vida, por no fallar, por hacerlo, por los abrazos, los besos, los ratos divertidos, los tristes, por ser el detalle que alegra cada día que paso y me saca una sonrisa. Pero hoy, sobre cualquiera del los anteriores, te doy gracias a ti. Querido enemigo, querido bache del camino, apreciado obstáculo que se interponía entre la luz y yo. Gracias por haber intentando retrasar mi éxito, por intentar dañarme, por aborrecer cada cosa que dijera o hiciese. Es sin vosotros sin los que hoy no sería nada, salvo tal vez un desventurado personaje más de esta monotonía computarizada que algunos llaman vida en sociedad. Y a ti, amor, por ser una de las pocas piedras en la que tropezaré dos, tres, y mil veces más gustosamente.
Hoy no os daré las gracias por enseñarme a vivir, porque me parece insuficiente.
Gracias porque en cada huella que dejo en el suelo hay un dibujo compuesto por cada uno de vuestros pequeños detalles durante estos 20 años que lleva durando este camino.
Gracias por ser mi vida.
Se despide atentamente: Un vividor.
Y es entonces cuando vuelves atrás la mirada, te fijas en las últimas huellas que dejaste impresas en el suelo, y después clavas tu vista en el horizonte. De allí vengo. De ese horizonte constituido por recuerdos (unos buenos y otros no tanto) con los que voy construyendo, como hago ahora con este cuaderno, la corta pero intensa historia de mi vida.
Cada uno tiene su historia, y yo no pienso aburriros con la mía. Tardaría siglos en hacer un resumen, no hablemos ya de expresar los detalles de un mísero minuto de mi existencia. Esta vez sólo quiero dar gracias por tener una historia que no quiera contar. Dar gracias por unos padres ejemplares, que me han criado desde que nací, que me han enseñado a dar cada paso (sí, ese que deja cada huella de la que antes os hablaba), que me han inculcado valores por los que hoy soy quien soy, que me enseñaron el valor del sacrificio y el esfuerzo para conseguir mis objetivos. Por supuesto también doy gracias por todos los familiares que colaboraron en cada tarea. Amigos, personas importantes en la vida de cualquier ser humano que se precie...gracias también por haber aparecido en mi vida, por no fallar, por hacerlo, por los abrazos, los besos, los ratos divertidos, los tristes, por ser el detalle que alegra cada día que paso y me saca una sonrisa. Pero hoy, sobre cualquiera del los anteriores, te doy gracias a ti. Querido enemigo, querido bache del camino, apreciado obstáculo que se interponía entre la luz y yo. Gracias por haber intentando retrasar mi éxito, por intentar dañarme, por aborrecer cada cosa que dijera o hiciese. Es sin vosotros sin los que hoy no sería nada, salvo tal vez un desventurado personaje más de esta monotonía computarizada que algunos llaman vida en sociedad. Y a ti, amor, por ser una de las pocas piedras en la que tropezaré dos, tres, y mil veces más gustosamente.
Hoy no os daré las gracias por enseñarme a vivir, porque me parece insuficiente.
Gracias porque en cada huella que dejo en el suelo hay un dibujo compuesto por cada uno de vuestros pequeños detalles durante estos 20 años que lleva durando este camino.
Gracias por ser mi vida.
Se despide atentamente: Un vividor.
martes, 17 de mayo de 2011
Donde duele inspira...eso dicen.
Duele. Duele una mirada indiferente. Duele la ausencia de un gesto amable. Duele la inexistencia de un atisbo de cariño. Duelen un hola y un adiós sin una conversación de por medio. Claro que duele. Pero sobre todo...duele saber que en parte es mi culpa.
Supongo que sólo me queda preguntarme por qué lo hice. Por qué coño decidí besarte, por qué di ese paso que pensé que sería suficiente para evitar caer en el agujero que había en el suelo. Evidentemente calculé mal la longitud de mi zancada.
A la mierda las rarezas de todo lo que pasó, a la mierda las diferencias. Quiero aparcar este camión de inseguridad en el lugar más recóndito de la tierra, y luego detonarlo sin que nadie se entere.
Necesito respuestas a todas las preguntas que se me plantean. Necesito que me expliques por qué este cambio tan radical. No puedo ser sólo yo.
Ahora...pienso que tal vez era mejor el rechazo. Era mejor romperse la tibia antes de echar a andar, que hacerlo cuando ya veías tu meta, aunque fuera de forma indefinida. Quién mejor que alguien que escribe para recomendarte que dejes las medias tintas. Al menos así conservaríamos algo de lo que hoy no ha aparecido.
Duele. Y más me dolió que, en un golpe de rabia, se partiera la piruleta que me regalaste. Y como bien recordarás, tenía forma de corazón.
Dos días, dos historias que quedarán en mi cuaderno. Científicamente demostrado: donde duele, inspira.
Supongo que sólo me queda preguntarme por qué lo hice. Por qué coño decidí besarte, por qué di ese paso que pensé que sería suficiente para evitar caer en el agujero que había en el suelo. Evidentemente calculé mal la longitud de mi zancada.
A la mierda las rarezas de todo lo que pasó, a la mierda las diferencias. Quiero aparcar este camión de inseguridad en el lugar más recóndito de la tierra, y luego detonarlo sin que nadie se entere.
Necesito respuestas a todas las preguntas que se me plantean. Necesito que me expliques por qué este cambio tan radical. No puedo ser sólo yo.
Ahora...pienso que tal vez era mejor el rechazo. Era mejor romperse la tibia antes de echar a andar, que hacerlo cuando ya veías tu meta, aunque fuera de forma indefinida. Quién mejor que alguien que escribe para recomendarte que dejes las medias tintas. Al menos así conservaríamos algo de lo que hoy no ha aparecido.
Duele. Y más me dolió que, en un golpe de rabia, se partiera la piruleta que me regalaste. Y como bien recordarás, tenía forma de corazón.
Dos días, dos historias que quedarán en mi cuaderno. Científicamente demostrado: donde duele, inspira.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)