Hace ya miles de años que desaprendimos a escuchar, a oler, a tocar...y ahora, hemos desaprendido a mirar. La gente ya no observa a su alrededor, ya nada nos sorprende. Nos hemos sumido en un sueño profundo arraigado en una burbuja creada por nuestra propia desatención. Nos hemos dejado hipnotizar por los trucos de la tecnología y la pseudocomunicación hasta tal punto que hemos olvidado sus verdaderas raíces.
Hoy día los niños saben interpretar la diferencia entre el jajaja y sus derivados virtuales con el ji, je; pero han olvidado el valor de una carcajada en el columpio de un parque. Conocen hasta el último detalle sobre el envío de datos a través de conexiones con nombres casi inefables, pero son cada vez más incapaces de enviar un mensaje de amor, de amistad, de comprensión...Nuestra tarifa de datos cada vez incluye más minutos de llamada, pero nos resta momentos que compartir a través de ellos. El 4G es tan rápido que ya no nos percatamos de la sonoridad de un pestañeo en los ojos de la mujer más hermosa, aunque siempre conoceremos su estado de ánimo por cómo deletreó en nuestro Whatsap esta noche un insensible te quiero.
Volviendo a Madrid, al escenario que impulsó esta breve narración; he sido testigo de verdaderos artistas en la línea de metro incapaces de reunir unas monedas, o tan siquiera una sonrisa, un gesto de interés, tras interpretar grandes piezas de los más variados géneros musicales. He podido observar como la gente mira de reojo a pobres personas que viven en la miseria y que tratan cada día de llevar su mensaje de socorro con la esperanza de que aparezca un alma caritativa que les ayude a superar un día más en la jungla de asfalto, y contemplar como ni siquiera se inmutan. Hemos llegado al punto en que una vida, una oportunidad, un intento, no valen nada, salvo que nos la den en Candy Crush.
"Hoy en día las bombas son más inteligentes que el general que las lanza, paz no alcanzará la raza humana"
Xhelazz

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