Lo sé, es una locura. Y no es que esté loco por ella. Es que soy loco por ella.
Y es que cómo no serlo cuando la locura aparece en forma de boca y la perdición más anhelada por un hombre en forma de beso. Lo admito, me deshago ante el contacto de cada una de sus caricias, lo busco sin cesar, esperando aprenderme cada fisura de sus labios, cada detalle de su lengua buscando en la mía un mudo te quiero. Es tuyo si así lo deseas; ya sabes de sobra que soy incapaz de resistir a tus peticiones, vulnerable a cada uno de tus caprichos, adicto a tu felicidad.
Porque bailar en tu boca puede parecer una locura. Y el mundo pertenece a los locos.
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