Paso a paso, lazo a lazo, de corte en poco a su propio destino.
Liberándose de su cuerda floja; el nudo aprieta si los malos tragos se obstruyen.
Sólo a solas se da cuenta de su ilusión. Ilusa, ínsula insulsa,
sin salsa, sin sal, sin salida, sin saliva y sin ¡sal y baila!
Y sólo acompañado el agua corre en gotas eternas que ni rien,
ni lloran, ni chocan con el frío de su propio reflejo.
Preguntas idiotas, respuestas acordes; que incordien, pero cordiales;
cuerdas, pero a lo loco; que si hay que atarse a algo que sea a esa nube.
Que vuelen libres las dudas y las deudas. También es de deidades tener días.
Tríos entre tú, la rutina y la pared. Entre ella, sus importancias y sus impertinencias.
Su impotencia, que a ciencia cierta sabía de antemano que quedarse
sin dar el brazo a torcer era imposible, que quedarse era impensable.
Lo malo de los fines es en sí el fin...Por eso de que nunca llegan,
lo hacen tarde o se adelantan hasta auto-extinguirse.
Que lo que no empieza no termina. Tampoco maltermina. No se apaga
aquello que no brilla, pues nunca se acierta haciéndolo a oscuras.
La niebla se disipa sin pagar, sin pegar voces. Es lo bueno,
que se la llevan tanto el mal tiempo como los buenos.
Se ha llevado mi musa...reclusa, sin cláusulas.
Tic-tacs como espadas (sí, la que olvidó a su pared y se fugó), fuego.
De poco en corte atándose a su destino. Lazo a lazo, paso a paso.