Como puertas a la aurora y ventanas a sus quimeras; así son.
Como océanos enfurecidos, ciclones absorbentes,
deseos fugaces, galaxias atrapadas en agujeros negros.
Piel erizada y ciega ante el con-tacto de su mirada.
El día y la noche encerrados orbitando, abrazándose...
Opuestos; reflejos de un alma de doble sentido. Así matan.
Bendito tú, pecado. Maldita honestidad silenciosa la mía;
sumergida y a remojo en sus sin fondo remolinos.

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