Hoy vuelvo para repudiar por completo un concepto con el que la humanidad siempre ha jugado: la mala fama. En mi modesta opinión está mal denominada, y me baso para argumentarlo en mis experiencias pasadas y presentes. Me explico.
Durante mis años más adolescentes cometí las locuras típicas de la edad, y algunas no tan típicas. De mí se podría decir que fui gamberro, siempre sarcástico y algo borde (aunque siempre me defendí alegando que era de simpatía selectiva). También era algo problemático, un chico callejero siempre metido en mil movidas, muchas de ellas por abrir en exceso la boca. La sinceridad siempre fue mi fuerte, así como un handicap a superar en ocasiones. Y como todo buen adolescente, y proyecto de hombre que se precie (y aquí me permitiréis el coloquialismo) me gustaba la carne más que a un perro con hambre. Sí, era mujeriego, y que tire la primera piedra el que no haya mirado todo lo que se le pasaba por delante en esos años.
Me pasa como a los monos, me voy por las ramas. Veréis, a día de hoy (unos cuatro o cinco años hace ya que cambie mi forma de ver las cosas) mi vieja "mala fama" me persigue, y por ello soy centro de críticas y despotricaciones por parte, y mirad que curioso, de gente que me conoce de poco más que un simple saludo. Y creedme, a veces es difícil conseguir algo cuando, pregunte donde pregunte la gente por mí, siempre se escucharan malas palabras. Y aquí hago un inciso, que curiosa manía la de la gente, que pregunta en busca de información a las personas que menos saben del susodicho, y no a quien de verdad ha sido cercano a él/ella.
Al grano. Imaginad ahora un bosque frondoso del que se dice que es tenebroso, y abundante en animales peligrosos. Muchos se quedarán al borde, sin atreverse a conocerlo, y se quedarán con esa "mala fama" de la que antes hablaba. Sin embargo, otros harán oídos sordos, y se aventuraran entre sus árboles. Ellos, que conocen el bosque, son los que podrán quedarse si les gusta, o irse si les defrauda. Pero ellos tendrán la capacidad de opinar, pues sólo ellos conocen lo que valoran. Y así el bosque sólo estará poblado por gente que ama ese ambiente, y se librará así de cobardes, malhablados, cizañeros, y demás indeseables.
¿Mala fama?...a mi me ayuda.
A quien lo entienda, le recomiendo valor y sentido común, y a quien no, se lo receto.
Y a ti, que te arriesgaste más que nadie en ese bosque, mil gracias.
sábado, 12 de noviembre de 2011
jueves, 6 de octubre de 2011
Treinta minutos
Tic-tac, tic-tac...Comienza la cuenta atrás. Comienza en ese momento en que ella baja las escaleras, tan guapa como siempre. Supongo que será que la miro con ojos de enamorado, pero no puedo evitar verla distinta cada día, como si una y otra vez me ocultara algo sólo para sorprenderme más tarde. Y es entonces cuando me mira, y sonríe. A veces incluso baja más rápido para llegar antes al lugar donde espero impaciente. Tic-tac, tic-tac.
Solemos ir andando hasta el kiosco, donde nos sentamos y hablamos sobre como fue la tarde anterior, las clases, y otros temas que van surgiendo con la gente que nos rodea. Buscando un mechero para encender el cigarro de una, robando Jumpers de la bolsa de la otra, haciendo bromas con las revistas que están expuestas a nuestro lado...así pasan los minutos, y cada vez lo escucho más fuerte: tic-tac, tic-tac.
Pero entonces ella me abraza, me besa, me mira y me susurra al oído que me quiere, que la vuelvo loca...y yo como un palurdo sólo se contestar: -yo también a ti-. Tanta elocuencia y sólo esas palabras son capaces de salir de mi boca en un momento en que me gustaría decirle tanto...Que bonito queda decir que ella para el tiempo en ese momento, y que irreal. Más bien parece darle un estímulo para que vaya aún más y más rápido. Tic-tac, tic-tac.
Y se acabó. Antes de que quiera darme cuenta, tiene que irse. Pero el reloj me da algo a cambio. Treinta minutos de felicidad que no se desgastan a lo largo del día, que se acumulan, que me hacen volver una mañana más en busca de mi pequeña pero excitante dosis de ti.
Treinta son los minutos que ella necesita para cambiar sombra por sol. Treinta son los minutos que necesito para verla. Tic-tac, tic-tac.
Solemos ir andando hasta el kiosco, donde nos sentamos y hablamos sobre como fue la tarde anterior, las clases, y otros temas que van surgiendo con la gente que nos rodea. Buscando un mechero para encender el cigarro de una, robando Jumpers de la bolsa de la otra, haciendo bromas con las revistas que están expuestas a nuestro lado...así pasan los minutos, y cada vez lo escucho más fuerte: tic-tac, tic-tac.
Pero entonces ella me abraza, me besa, me mira y me susurra al oído que me quiere, que la vuelvo loca...y yo como un palurdo sólo se contestar: -yo también a ti-. Tanta elocuencia y sólo esas palabras son capaces de salir de mi boca en un momento en que me gustaría decirle tanto...Que bonito queda decir que ella para el tiempo en ese momento, y que irreal. Más bien parece darle un estímulo para que vaya aún más y más rápido. Tic-tac, tic-tac.
Y se acabó. Antes de que quiera darme cuenta, tiene que irse. Pero el reloj me da algo a cambio. Treinta minutos de felicidad que no se desgastan a lo largo del día, que se acumulan, que me hacen volver una mañana más en busca de mi pequeña pero excitante dosis de ti.
Treinta son los minutos que ella necesita para cambiar sombra por sol. Treinta son los minutos que necesito para verla. Tic-tac, tic-tac.
lunes, 19 de septiembre de 2011
Cosa de genética
Debo empezar aclarando que quisiera que esto se tomase como una especie de carta de disculpas; esta vez la dirigiré a la gente joven normal en general. Y dicho esto...
Estimados/as jóvenes de hoy en día:
Lo siento. Quiero pediros disculpas a todos vosotros, porque sé que mi actitud es cuanto menos insultante en esta sociedad en la que vivimos, y que la desaprobáis completamente por ser yo un bicho raro.
Siento en el alma ser una de esas personas que aún se levantan cuando ven a una señora sin asiento en el autobús. Sí, aún me muevo en autobús, cosa que también siento; no quise una moto como premio por suspender "sólo" tres asignaturas. Y siento, por supuesto, haber ido andando los días que no tenía dinero para pagar mi medio de transporte...tonto de mí, pudiendo haber pedido dinero mediante amenzas por la calle. Y hablando de calle, siento ser de esas personas que aún salen a divertirse, y no a emborracharse; tranquilos, aún me veréis ebrio alguna vez que otra. Siento muchísimo también preferir el aire libre a ver fotos de paisajes vía Internet, o disfrutar más escribiendo o leyendo que viendo una película. Y siento preferir poner una película y verla con mi pareja de vez en cuando antes que ponerla y pasar de su argumento. Ya veis, no perdí la virginidad a los catorce años en un baño de discoteca. Siento desconocer los efectos de pastillas de múltiples colores y sabores cada sábado, pero mi único vicio es un ibuprofeno los domingos de resaca. Hay mil casos más por los que mi conducta puede ser tachada de absurda, pero me alargaría demasiado, así que pediré una última disculpa a todos aquellos que preferís la buena vida a los estudios, que contestáis mal a vuestros padres (se que lo hacéis para defender vuestros derechos como jóvenes independientes), que no sabéis cocinar una mísera cena, o realizar tarea alguna en vuestras casas; a todos los que os reís de alguien que se tropieza y cae en vez de ayudarle, los que os creéis mejores por estar con unas cuantas personas a las que llamáis amigos detrás, o por tener tal casa y tal coche (no, no conduje el BMW de mi padre nada más sacarme el carné de conducir). Pido perdón porque vivo en una familia tan atrasada en el tiempo, que incluso me enseñaron el valor del esfuerzo, la educación, el sacrificio, la lucha...Pido perdón por no ser normal.
Estimados/as jóvenes de hoy en día:
Lo siento. Quiero pediros disculpas a todos vosotros, porque sé que mi actitud es cuanto menos insultante en esta sociedad en la que vivimos, y que la desaprobáis completamente por ser yo un bicho raro.
Siento en el alma ser una de esas personas que aún se levantan cuando ven a una señora sin asiento en el autobús. Sí, aún me muevo en autobús, cosa que también siento; no quise una moto como premio por suspender "sólo" tres asignaturas. Y siento, por supuesto, haber ido andando los días que no tenía dinero para pagar mi medio de transporte...tonto de mí, pudiendo haber pedido dinero mediante amenzas por la calle. Y hablando de calle, siento ser de esas personas que aún salen a divertirse, y no a emborracharse; tranquilos, aún me veréis ebrio alguna vez que otra. Siento muchísimo también preferir el aire libre a ver fotos de paisajes vía Internet, o disfrutar más escribiendo o leyendo que viendo una película. Y siento preferir poner una película y verla con mi pareja de vez en cuando antes que ponerla y pasar de su argumento. Ya veis, no perdí la virginidad a los catorce años en un baño de discoteca. Siento desconocer los efectos de pastillas de múltiples colores y sabores cada sábado, pero mi único vicio es un ibuprofeno los domingos de resaca. Hay mil casos más por los que mi conducta puede ser tachada de absurda, pero me alargaría demasiado, así que pediré una última disculpa a todos aquellos que preferís la buena vida a los estudios, que contestáis mal a vuestros padres (se que lo hacéis para defender vuestros derechos como jóvenes independientes), que no sabéis cocinar una mísera cena, o realizar tarea alguna en vuestras casas; a todos los que os reís de alguien que se tropieza y cae en vez de ayudarle, los que os creéis mejores por estar con unas cuantas personas a las que llamáis amigos detrás, o por tener tal casa y tal coche (no, no conduje el BMW de mi padre nada más sacarme el carné de conducir). Pido perdón porque vivo en una familia tan atrasada en el tiempo, que incluso me enseñaron el valor del esfuerzo, la educación, el sacrificio, la lucha...Pido perdón por no ser normal.
domingo, 18 de septiembre de 2011
Cantos de sirena
Miro y me sorprendo a mí mismo tirando dados
Otra vez susurro a mi destino en cubilete;
Y no es pa menos, seis y uno marca el resultado,
Y representan el estado de mi vivir entre extremos.
Encerrado, un perro con rabia y cefaleas
demasiado acostumbrado a bailar con la más fea.
Atormentado por rugidos y bramidos,
Y harto de saber que siempre seré mi propia correa.
Cierro las puertas a las musas,
Unas lo usarán para dañarme, para mí es sólo una excusa
O incluso una ocasión para sentirme un foraneo
En mi sofá, y liberar neuronas reclusas en cráneos.
Hoy...intento darle al pausa
A esta farsa conocida como el no vivir con prisa.
Insulso, frases consideradas ilusas;
siseos de serpiente me señalan entre risas.
(est)
Ya no veo mi imagen en el espejo
Porque todas mis creencias no me servían de nada.
Me hago viejo y veo que un cuento de hadas
Comparado con la vida sólo es otro reflejo.
Me asemejo a un niño entre carcajadas
Que no ve venir la bala volando a su entrecejo.
Aún se ríe de la herida de sus codos;
Pero, todo, y digo todo, siempre es mucho más complejo.
No me quejo por todo lo terminado
Sí por lo que empecé y he dejado inacabado.
al pasado le hice frente y me hice duro
aprendiendo que el futuro es el mejor de los presentes.
Diferentes, describo así mis penas,
Y admito que apenas se nada de mis problemas.
Supongo que camino por la orilla, entre arena
Que me incita a no nadar, y este canto de sirena.
....De noche en mi bloque
Hace que el cuaderno se mire con otro enfoque.
Lo que quiero decir es que con lo que escribo
No me equivoqué, mas leido del revés tiene más sentido.
Será lo que he aprendido,
Tal vez el equívoco me haya hecho más sabio
Tal vez no, y sólo sea otro loco
Que se cree que con muy poco tiene la miel en los labios.
(est)
Ya no veo mi imagen en el espejo
Porque todas mis creencias no me servían de nada.
Me hago viejo y veo que un cuento de hadas
Comparado con la vida sólo es otro reflejo.
Me asemejo a un niño entre carcajadas
Que no ve venir la bala volando a su entrecejo.
Aún se ríe de la herida de sus codos;
Pero, todo, y digo todo, siempre es mucho más complejo.
miércoles, 6 de julio de 2011
Tardes
Si alguien me preguntase ahora mismo que es la felicidad, sería sencillo contestarle. No tengo una definición de diccionario para esa palabra, pero solo habría que tomar una fotografía justo el momento después de recibir un beso suyo para tener una buena descripción gráfica.
Y es que no hay nada más complejo entre nosotros que una mirada. Que el sentir sus manos en mi cara es similar a una ducha fría después de un intenso día de playa: relaja, refresca y apacigua. Son miles de pequeños detalles los que marcan nuestra corta historia, y no sabría con cual de ellos me quedaría si alguien me obligase a escojer. Pero por lo más alto juro que no hay nada más lindo que mirar su carita mientras duerme.
Por favor, ayúdame a mantener esa sonrisa de niño pequeño, haz mil tonterías, deja que yo las haga, dime que me quieres, y luego abrázame fuerte, cójeme por la cintura, agárrame el cuello y bésame con fuerza. Hazlo con pasión, y cuando menos me lo espere, mátame con un beso lento de los sabes que tanto me gustan. Vayámonos juntos a ese rinconcito, y escribamos nuestro número sobre la baldosa en que te sentaste. Y sobre todo sonríe, regálame a mi, y a todo el que quiera mirarte esa sonrisa tuya, porque mi mayor motivo de felicidad es saber que tú eres feliz, que vuelves a ser la que eras antes.
Gracias porque ayer, como llevas haciendo desde que te conozco, me diste una tarde mágica más que ocupará una página en el pequeño álbum de mis mejores recuerdos.
Y es que no hay nada más complejo entre nosotros que una mirada. Que el sentir sus manos en mi cara es similar a una ducha fría después de un intenso día de playa: relaja, refresca y apacigua. Son miles de pequeños detalles los que marcan nuestra corta historia, y no sabría con cual de ellos me quedaría si alguien me obligase a escojer. Pero por lo más alto juro que no hay nada más lindo que mirar su carita mientras duerme.
Por favor, ayúdame a mantener esa sonrisa de niño pequeño, haz mil tonterías, deja que yo las haga, dime que me quieres, y luego abrázame fuerte, cójeme por la cintura, agárrame el cuello y bésame con fuerza. Hazlo con pasión, y cuando menos me lo espere, mátame con un beso lento de los sabes que tanto me gustan. Vayámonos juntos a ese rinconcito, y escribamos nuestro número sobre la baldosa en que te sentaste. Y sobre todo sonríe, regálame a mi, y a todo el que quiera mirarte esa sonrisa tuya, porque mi mayor motivo de felicidad es saber que tú eres feliz, que vuelves a ser la que eras antes.
Gracias porque ayer, como llevas haciendo desde que te conozco, me diste una tarde mágica más que ocupará una página en el pequeño álbum de mis mejores recuerdos.
jueves, 26 de mayo de 2011
Revisión introspectiva
Todo va bien, la vida es maravillosa. Y de repente...todo ocurre. Que más da que sea la pérdida de un ser querido, la ruptura de una relación, un despido, un accidente...
De repente te encuentras solo, sin más respaldo que el aire, que se niega a seguir sujetándote más. Y caemos.
Lo típico al ver que uno se cae es equilibrarse, buscar algo sobre lo que sostenerse. Así me ha ocurrido hoy. Y en esos momentos es cuando descubres algo que no siempre es distinguible. ¿Cuál es tu sustento? ¿Quiénes son esas personas en las que piensas cuando nada parece escapar a la mala suerte?
No son muchos los rostros que han pasado por mi mente, cinco concretamente. Suficientes sin embargo. Ver esas caras ya me transmitió cierta seguridad. Y más aún ver que una de ellas aparecía tan veloz como pudo a mi llamada...
Esta vez fuiste tú, mañana será cualquiera de vosotros. Supongo que por estas apariciones fugaces en determinados momentos, es por lo que sé a ciencia cierta que sois lo que más quiero y valoro en este mundo.
Gracias a vosotros por existir, y gracias a quién deba dárselas por hacer que fuerais mis amigos.
Y a ti por dejar todo de lado por sacarme una sonrisa, por temblar con mi nerviosisimo, por calmar mi inquietud, como siempre has sabido hacer, mi más sincero agradecimiento.
De repente te encuentras solo, sin más respaldo que el aire, que se niega a seguir sujetándote más. Y caemos.
Lo típico al ver que uno se cae es equilibrarse, buscar algo sobre lo que sostenerse. Así me ha ocurrido hoy. Y en esos momentos es cuando descubres algo que no siempre es distinguible. ¿Cuál es tu sustento? ¿Quiénes son esas personas en las que piensas cuando nada parece escapar a la mala suerte?
No son muchos los rostros que han pasado por mi mente, cinco concretamente. Suficientes sin embargo. Ver esas caras ya me transmitió cierta seguridad. Y más aún ver que una de ellas aparecía tan veloz como pudo a mi llamada...
Esta vez fuiste tú, mañana será cualquiera de vosotros. Supongo que por estas apariciones fugaces en determinados momentos, es por lo que sé a ciencia cierta que sois lo que más quiero y valoro en este mundo.
Gracias a vosotros por existir, y gracias a quién deba dárselas por hacer que fuerais mis amigos.
Y a ti por dejar todo de lado por sacarme una sonrisa, por temblar con mi nerviosisimo, por calmar mi inquietud, como siempre has sabido hacer, mi más sincero agradecimiento.
martes, 24 de mayo de 2011
Huellas y detalles.
Porque sí. Porque existen momentos en los que paras a reflexionar, y dices: ¿qué coño hago aquí?
Y es entonces cuando vuelves atrás la mirada, te fijas en las últimas huellas que dejaste impresas en el suelo, y después clavas tu vista en el horizonte. De allí vengo. De ese horizonte constituido por recuerdos (unos buenos y otros no tanto) con los que voy construyendo, como hago ahora con este cuaderno, la corta pero intensa historia de mi vida.
Cada uno tiene su historia, y yo no pienso aburriros con la mía. Tardaría siglos en hacer un resumen, no hablemos ya de expresar los detalles de un mísero minuto de mi existencia. Esta vez sólo quiero dar gracias por tener una historia que no quiera contar. Dar gracias por unos padres ejemplares, que me han criado desde que nací, que me han enseñado a dar cada paso (sí, ese que deja cada huella de la que antes os hablaba), que me han inculcado valores por los que hoy soy quien soy, que me enseñaron el valor del sacrificio y el esfuerzo para conseguir mis objetivos. Por supuesto también doy gracias por todos los familiares que colaboraron en cada tarea. Amigos, personas importantes en la vida de cualquier ser humano que se precie...gracias también por haber aparecido en mi vida, por no fallar, por hacerlo, por los abrazos, los besos, los ratos divertidos, los tristes, por ser el detalle que alegra cada día que paso y me saca una sonrisa. Pero hoy, sobre cualquiera del los anteriores, te doy gracias a ti. Querido enemigo, querido bache del camino, apreciado obstáculo que se interponía entre la luz y yo. Gracias por haber intentando retrasar mi éxito, por intentar dañarme, por aborrecer cada cosa que dijera o hiciese. Es sin vosotros sin los que hoy no sería nada, salvo tal vez un desventurado personaje más de esta monotonía computarizada que algunos llaman vida en sociedad. Y a ti, amor, por ser una de las pocas piedras en la que tropezaré dos, tres, y mil veces más gustosamente.
Hoy no os daré las gracias por enseñarme a vivir, porque me parece insuficiente.
Gracias porque en cada huella que dejo en el suelo hay un dibujo compuesto por cada uno de vuestros pequeños detalles durante estos 20 años que lleva durando este camino.
Gracias por ser mi vida.
Se despide atentamente: Un vividor.
Y es entonces cuando vuelves atrás la mirada, te fijas en las últimas huellas que dejaste impresas en el suelo, y después clavas tu vista en el horizonte. De allí vengo. De ese horizonte constituido por recuerdos (unos buenos y otros no tanto) con los que voy construyendo, como hago ahora con este cuaderno, la corta pero intensa historia de mi vida.
Cada uno tiene su historia, y yo no pienso aburriros con la mía. Tardaría siglos en hacer un resumen, no hablemos ya de expresar los detalles de un mísero minuto de mi existencia. Esta vez sólo quiero dar gracias por tener una historia que no quiera contar. Dar gracias por unos padres ejemplares, que me han criado desde que nací, que me han enseñado a dar cada paso (sí, ese que deja cada huella de la que antes os hablaba), que me han inculcado valores por los que hoy soy quien soy, que me enseñaron el valor del sacrificio y el esfuerzo para conseguir mis objetivos. Por supuesto también doy gracias por todos los familiares que colaboraron en cada tarea. Amigos, personas importantes en la vida de cualquier ser humano que se precie...gracias también por haber aparecido en mi vida, por no fallar, por hacerlo, por los abrazos, los besos, los ratos divertidos, los tristes, por ser el detalle que alegra cada día que paso y me saca una sonrisa. Pero hoy, sobre cualquiera del los anteriores, te doy gracias a ti. Querido enemigo, querido bache del camino, apreciado obstáculo que se interponía entre la luz y yo. Gracias por haber intentando retrasar mi éxito, por intentar dañarme, por aborrecer cada cosa que dijera o hiciese. Es sin vosotros sin los que hoy no sería nada, salvo tal vez un desventurado personaje más de esta monotonía computarizada que algunos llaman vida en sociedad. Y a ti, amor, por ser una de las pocas piedras en la que tropezaré dos, tres, y mil veces más gustosamente.
Hoy no os daré las gracias por enseñarme a vivir, porque me parece insuficiente.
Gracias porque en cada huella que dejo en el suelo hay un dibujo compuesto por cada uno de vuestros pequeños detalles durante estos 20 años que lleva durando este camino.
Gracias por ser mi vida.
Se despide atentamente: Un vividor.
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