miércoles, 6 de julio de 2011

Tardes

Si alguien me preguntase ahora mismo que es la felicidad, sería sencillo contestarle. No tengo una definición de diccionario para esa palabra, pero solo habría que tomar una fotografía justo el momento después de recibir un beso suyo para tener una buena descripción gráfica.
Y es que no hay nada más complejo entre nosotros que una mirada. Que el sentir sus manos en mi cara es similar a una ducha fría después de un intenso día de playa: relaja, refresca y apacigua. Son miles de pequeños detalles los que marcan nuestra corta historia, y no sabría con cual de ellos me quedaría si alguien me obligase a escojer. Pero por lo más alto juro que no hay nada más lindo que mirar su carita mientras duerme.
Por favor, ayúdame a mantener esa sonrisa de niño pequeño, haz mil tonterías, deja que yo las haga, dime que me quieres, y luego abrázame fuerte, cójeme por la cintura, agárrame el cuello y bésame con fuerza. Hazlo con pasión, y cuando menos me lo espere, mátame con un beso lento de los sabes que tanto me gustan. Vayámonos juntos a ese rinconcito, y escribamos nuestro número sobre la baldosa en que te sentaste. Y sobre todo sonríe, regálame a mi, y a todo el que quiera mirarte esa sonrisa tuya, porque mi mayor motivo de felicidad es saber que tú eres feliz, que vuelves a ser la que eras antes.
Gracias porque ayer, como llevas haciendo desde que te conozco, me diste una tarde mágica más que ocupará una página en el pequeño álbum de mis mejores recuerdos.

jueves, 26 de mayo de 2011

Revisión introspectiva

Todo va bien, la vida es maravillosa. Y de repente...todo ocurre. Que más da que sea la pérdida de un ser querido, la ruptura de una relación, un despido, un accidente...
De repente te encuentras solo, sin más respaldo que el aire, que se niega a seguir sujetándote más. Y caemos.
Lo típico al ver que uno se cae es equilibrarse, buscar algo sobre lo que sostenerse. Así me ha ocurrido hoy. Y en esos momentos es cuando descubres algo que no siempre es distinguible. ¿Cuál es tu sustento? ¿Quiénes son esas personas en las que piensas cuando nada parece escapar a la mala suerte?
No son muchos los rostros que han pasado por mi mente, cinco concretamente. Suficientes sin embargo. Ver esas caras ya me transmitió cierta seguridad. Y más aún ver que una de ellas aparecía tan veloz como pudo a mi llamada...
Esta vez fuiste tú, mañana será cualquiera de vosotros. Supongo que por estas apariciones fugaces en determinados momentos, es por lo que sé a ciencia cierta que sois lo que más quiero y valoro en este mundo.
Gracias a vosotros por existir, y gracias a quién deba dárselas por hacer que fuerais mis amigos.
Y a ti por dejar todo de lado por sacarme una sonrisa, por temblar con mi nerviosisimo, por calmar mi inquietud, como siempre has sabido hacer, mi más sincero agradecimiento.

martes, 24 de mayo de 2011

Huellas y detalles.

Porque sí. Porque existen momentos en los que paras a reflexionar, y dices: ¿qué coño hago aquí?
Y es entonces cuando vuelves atrás la mirada, te fijas en las últimas huellas que dejaste impresas en el suelo, y después clavas tu vista en el horizonte. De allí vengo. De ese horizonte constituido por recuerdos (unos buenos y otros no tanto) con los que voy construyendo, como hago ahora con este cuaderno, la corta pero intensa historia de mi vida.
Cada uno tiene su historia, y yo no pienso aburriros con la mía. Tardaría siglos en hacer un resumen, no hablemos ya de expresar los detalles de un mísero minuto de mi existencia. Esta vez sólo quiero dar gracias por tener una historia que no quiera contar. Dar gracias por unos padres ejemplares, que me han criado desde que nací, que me han enseñado a dar cada paso (sí, ese que deja cada huella de la que antes os hablaba), que me han inculcado valores por los que hoy soy quien soy, que me enseñaron el valor del sacrificio y el esfuerzo para conseguir mis objetivos. Por supuesto también doy gracias por todos los familiares que colaboraron en cada tarea. Amigos, personas importantes en la vida de cualquier ser humano que se precie...gracias también por haber aparecido en mi vida, por no fallar, por hacerlo, por los abrazos, los besos, los ratos divertidos, los tristes, por ser el detalle que alegra cada día que paso y me saca una sonrisa. Pero hoy, sobre cualquiera del los anteriores, te doy gracias a ti. Querido enemigo, querido bache del camino, apreciado obstáculo que se interponía entre la luz y yo. Gracias por haber intentando retrasar mi éxito, por intentar dañarme, por aborrecer cada cosa que dijera o hiciese. Es sin vosotros sin los que hoy no sería nada, salvo tal vez un desventurado personaje más de esta monotonía computarizada que algunos llaman vida en sociedad. Y a ti, amor, por ser una de las pocas piedras en la que tropezaré dos, tres, y mil veces más gustosamente.
Hoy no os daré las gracias por enseñarme a vivir, porque me parece insuficiente.
Gracias porque en cada huella que dejo en el suelo hay un dibujo compuesto por cada uno de vuestros pequeños detalles durante estos 20 años que lleva durando este camino.
Gracias por ser mi vida.
                                                        Se despide atentamente: Un vividor.

martes, 17 de mayo de 2011

Donde duele inspira...eso dicen.

Duele. Duele una mirada indiferente. Duele la ausencia de un gesto amable. Duele la inexistencia de un atisbo de cariño. Duelen un hola y un adiós sin una conversación de por medio. Claro que duele. Pero sobre todo...duele saber que en parte es mi culpa.
Supongo que sólo me queda preguntarme por qué lo hice. Por qué coño decidí besarte, por qué di ese paso que pensé que sería suficiente para evitar caer en el agujero que había en el suelo. Evidentemente calculé mal la longitud de mi zancada.
A la mierda las rarezas de todo lo que pasó, a la mierda las diferencias. Quiero aparcar este camión de inseguridad en el lugar más recóndito de la tierra, y luego detonarlo sin que nadie se entere.
Necesito respuestas a todas las preguntas que se me plantean. Necesito que me expliques por qué este cambio tan radical. No puedo ser sólo yo.
Ahora...pienso que tal vez era mejor el rechazo. Era mejor romperse la tibia antes de echar a andar, que hacerlo cuando ya veías tu meta, aunque fuera de forma indefinida. Quién mejor que alguien que escribe para recomendarte que dejes las medias tintas. Al menos así conservaríamos algo de lo que hoy no ha aparecido.
Duele. Y más me dolió que, en un golpe de rabia, se partiera la piruleta que me regalaste. Y como bien recordarás, tenía forma de corazón.
Dos días, dos historias que quedarán en mi cuaderno. Científicamente demostrado: donde duele, inspira.

jueves, 7 de abril de 2011

Curioso...muy curioso

Curiosidad, esa es la palabra. Esa es la sensación que me queda después de quince minutos de conversación.
Rebobinemos.
No hay duda de que eres un gato. Independientemente de por qué creas serlo, te mueves entre frases con pasmorosa habilidad. La agilidad de tu lengua es sólo comparable a la de tu cabeza, que parece adelantarse unos segundos a cada una de mis teorías, para demostrarme su fragilidad. Saltas entre conductas como si tejados fueran, y te muestras cambiante. Cuando creo haber averiguado algo sobre ti, desapareces entre la maleza, y vuelves a aparecer de repente como si se tratase de otro ser. Curioso.
Pero como bien has reconocido, llevas un cascabel. Estás domesticada. Y eres tu propia ama. Podría sonar bien, ser dueño de uno mismo. Pero a veces nos ponemos la correa y la atamos en torno a una farola.
Tus ojos están acostumbrados a la oscuridad, y te mueves con fluidez por ella. Pero cuando la luz llega, tus pupilas tardan en acostumbrarse, y sientes como te hace daño. ¿Solución? Buscar un lugar oscuro donde resguardarse hasta que la noche llegue y todo se normalice.
Puede parecer que creo conocerte...Nada más lejos de la verdad, nada más cerca de mi intención. No todos los días descubres un misterio así. Adelante, Sherlock. Descubre que le ocurre a ese gato que prefiere valerse por sí mismo, ese felino descarado cuya actitud no compartirías nunca (y que sin embargo tanto te atrae).
Elemental, querido cuaderno. He vuelto a caer presa de mi curiosidad. Nunca aprenderé. Curioso, muy curioso.


martes, 29 de marzo de 2011

miércoles, 9 de marzo de 2011

El sitio de mi recreo.


Siempre exististe, te descubrí tarde. O tal vez cuando debí hacerlo. Empezaste siendo un lugar maravilloso, tal vez por sus vistas de una pequeña ciudad marítima, por sus atardeceres, sus noches…Un pedazo de tierra que le demostraba su poderío a la constante y repetitiva arrogancia de las olas y las mareas. Un emplazamiento de fotografía, de tardes al sol y algún momento de desenfreno nocturno que otro.
Pero pronto te convertiste en mucho más. Miles son los sitios que pueden dejarte anonadado desde que llegas a ellos por su hermosura visual, por su esplendor natural. Pero tú…tú eres un igual. Eres mi otra parte, mi musa, la parte que me complementa y llena mi cabeza de momentáneas genialidades que mantienen a este loco. Eres también mi yo sereno, aquel que se opone a mis arranques de ira, que lucha contra la mayor de mis tristezas. Eres tú quién me trae el silencio que necesito cuando las palabras pierden su significado, quien me da todo cuando todo lo he perdido. Eres tú quien me recordó más de una vez el valor de la vida, de sus matices; quién sino tú me hizo comprender lo grande de lo diminuto, la seguridad que ocultaban mis dudas, la certeza de que por muchos altibajos que tuviera en mi existencia, no eran sino parte de un camino que, como tú, se yergue varios metros sobre el mar de desesperación en que a veces me sumerjo. Me enseñaste la simplicidad del problema más complejo, me hiciste reflexionar, me obligaste a cavilar una y otra vez sobre aquello que mi mente se negaba a aceptar, y fuiste inflexible conmigo en ese aspecto. Bendita fusión entre dureza y dulzura, que si me torturaba por dentro como si de una llama bajo mis pies se tratase, era sólo para ofrecerme una escalera directa a un tejado de paz interior donde salvarme de ese infierno en ascuas.  Siempre me recibiste sin importar horarios; y me ofreciste tu cuerpo como apoyo y tu soplo de brisa fresca como aliento.
Fuiste tú quien amansó mi juventud, y quien espero me reciba cuando deje de escribir por ser demasiado viejo.  Te debo tanto…tantos recuerdos, tantos momentos felices, tantos llantos, tantas sonrisas, tantas caras serias, tantas reflexiones, tantos poemas, tantas líneas sin aparente sentido salvo para nosotros dos…tanto.
Gracias, porque esta noche, como tantas otras, estabas ahí.