Curiosidad, esa es la palabra. Esa es la sensación que me queda después de quince minutos de conversación.
Rebobinemos.
No hay duda de que eres un gato. Independientemente de por qué creas serlo, te mueves entre frases con pasmorosa habilidad. La agilidad de tu lengua es sólo comparable a la de tu cabeza, que parece adelantarse unos segundos a cada una de mis teorías, para demostrarme su fragilidad. Saltas entre conductas como si tejados fueran, y te muestras cambiante. Cuando creo haber averiguado algo sobre ti, desapareces entre la maleza, y vuelves a aparecer de repente como si se tratase de otro ser. Curioso.
Pero como bien has reconocido, llevas un cascabel. Estás domesticada. Y eres tu propia ama. Podría sonar bien, ser dueño de uno mismo. Pero a veces nos ponemos la correa y la atamos en torno a una farola.
Tus ojos están acostumbrados a la oscuridad, y te mueves con fluidez por ella. Pero cuando la luz llega, tus pupilas tardan en acostumbrarse, y sientes como te hace daño. ¿Solución? Buscar un lugar oscuro donde resguardarse hasta que la noche llegue y todo se normalice.
Puede parecer que creo conocerte...Nada más lejos de la verdad, nada más cerca de mi intención. No todos los días descubres un misterio así. Adelante, Sherlock. Descubre que le ocurre a ese gato que prefiere valerse por sí mismo, ese felino descarado cuya actitud no compartirías nunca (y que sin embargo tanto te atrae).
Elemental, querido cuaderno. He vuelto a caer presa de mi curiosidad. Nunca aprenderé. Curioso, muy curioso.

Me ha gustado mucho :)
ResponderEliminar