miércoles, 16 de mayo de 2012

Imparcialidad relativa.

Desde tiempos inmemorables el ser humano ha buscado el agrupamiento como método de supervivencia y de relación, como grupos de simios hace millones de años, como clanes no mucho después, en algunas de sus etapas evolutivas, como pueblos, ciudades, y un sin fin de asociaciones que podríamos denominar para referirnos a ello. Estas asociaciones daban grandes ventajas al grupo, pero también han causado siempre disputas y conflictos entre sus miembros. Por ello, el ser humano ha buscado siempre métodos para organizarse y resolver estos problemas. De esta forma, unos elegían un líder (o este se autoproclamaba mediante el uso de su fuerza), otros preferían unirse a debatir, y con el paso del tiempo hemos podido comprobar como estos sistemas han ido evolucionando hasta procesos como la democracia parlamentaria, y la creación de organismos como el Poder Legislativo (capacidad de creación de leyes) o el Judicial (capacidad de judgar si alguien ha incumplido o no una ley). Estos poderes aparecen a veces separados, o a veces incluso concentrados en un ente o grupo de personas muy reducido. Y son estos grupos los que han ido formando una cultura legal que, junto con las costumbres y los valores que adoptamos, son nuestra guía en la toma de decisiones y en la valoración de las mismas. Y aquí yace la primera limitación de este sistema.
Todo este conjunto de leyes, de valores, de costumbres, y de cualquier otro tipo de idea que pueda tomar parte en la toma de una decisión o juicio está basada en algo que nos ha sido transferido y enseñado por otras personas, y que volviendo atrás en el tiempo están fundamentados en principios cambiantes según factores como el lugar del que provenimos, el avance cultural disponible, la riqueza, las características poblacionales, el modo de poder establecido, y un sin fin de ellas más. Por ello, existen a menudo discordancias entre distintas poblaciones acerca de los modos de pensar, la manera de afrontar un conflicto, o abstrayéndonos mucho más, de lo que está bien y lo que está mal.
La imparcialidad es un criterio de justicia que sostiene que las decisiones deben tomarse con base a criterios objetivos, sin influencias de sesgosprejuicios o tratos diferenciados por razones inapropiadas.
El humano crea todo este conjunto de medidas en pos de cubrir unas necesidades que nacen de acuerdo a las peticiones de la sociedad que pretende regular, y esto lleva inevitablemente a la parcialidad. 
Preguntémonos sino por qué en un lugar casarte y tener una amante es socialmente repelido, y sin embargo otros países permiten la poligamia. ¿Es peor su normativa o su costumbre? No lo creo.
Cualquier decisión que tomemos está sujeta a la parcialidad, ya que inconscientemente nuestros juicios personales vana  buscar respuesta a lo que nuestra mente tiene almacenado como resolución al problema que se nos plantee, idea que jamás será igual en todo lugar geográfico del mundo. Esto lo podemos denominar sesgo de localización. 
También encontraremos que en una misma asociación social, distintos miembros no comparten el mismo juicio por características étnicas, económicas, sexuales, personales, religiosas...Este será el sesgo de rol social, y es tal vez el más amplio de todos.
Y hemos de darnos cuenta que además, 1) esa idea de la que hablo ha sido introducida por aquel que nos lo enseñó, y que esa persona la habrá introducido en la medida en que haya considerado oportuna. 2) Por supuesto, estas ideas pueden ir transformándose a medida que las ponemos en práctica y vemos sus resultados en nuestra vida diaria. Aquí es donde encontramos el sesgo de aprendizaje:
1) Sesgo de aprendizaje externo
2) Sesgo de aprendizaje interno
Y por si fuera poco, no todas las ideas que nos son introducidas son siempre utilizadas en la misma medida, ya que en cualquier decisión influye el contexto de la misma, habiendo momentos en que podemos actuar en contra de nuestros principios en pos de un beneficio personal o ajeno, o atribuirle a una situación más o menos importancia según qué nos rodea. Este último será el sesgo de contexto.
Todos estos determinantes contribuyen a la parcialidad y la relatividad de forma inexorable. 
Y sin embargo, como ya antes hemos especificado, nos vemos en la obligación de adoptar ciertas normas que son de "común acuerdo" y que regulan la convivencia humana, así como su relación con el medio y las situaciones planteadas. Por ello creo necesario la introducción del término Imparcialidad Relativa*, designando con él la capacidad de tomar una decisión o de dar una valoración (a la que cual llamaríamos comúnmente imparcial) dentro de unos prejuicios personales acordes con lo normativamente aceptado, pero con capacidad de adaptación y superación de todos los sesgos anteriormente nombrados. Deberíamos decir que para dar una decisión de una imparcialidad relativa muy alta, tendríamos que ser capaces de realizar una valoración empática*.
A continuación veremos un ejemplo de esto anteriormente explicado. Planteemos una situación en la que yo, joven de 21 años español criado en una familia de clase media y con todas mis características personales, me encuentro ante la siguiente problemática. Dos personas discuten porque una de ellas ha hecho un comentario blasfemo, y la otra, de catolicismo convencido, se lo ha recriminado. Mi reacción normal sería (y la tomaremos como respuesta estándar ante todas las propuestas que haré a continuación) tratar de finalizar la disputa, separando a los enfrentados. 
Ya podemos observar un primer sesgo del tipo rol social: Mi papel en una disputa es el de creación de paz, el intento de calmar la situación, sin ponerme a favor de uno u otro dejando de lado mis ideas. Pero el hecho de actuar ya me diferencia de una persona que ante la misma situación, decide no entrometerse. También debido a mis ideas podría tomar más parte por uno u otro, lo cual me llevaría a introducir mi ideología religiosa en mi toma de decisiones.
Imaginemos que este problema se da en un país en que la cultura religiosa es más profunda que España. Es posible que el blasfemo salga peor de esa situación, y que yo comprendiera más a aquel que defiende sus ideas religiosas, aunque mi actuación consistiera igualmente en separarlos sin introducir mis ideas de por medio. Por ello, el lugar está influyendo en mi juicio, dando un sesgo de localización.
Añadamos ahora a esta situación el hecho de que mi familia me hubiera enseñado que si tengo que tomar parte en una disputa, debo hacerlo utilizando la fuerza. Podría hacerlo, o tal vez debido a situaciones similares anteriores en las que el empleo de la fuerza fue un fracaso, decida tratar de dialogar con ambos. Esto lo consideraremos un sesgo de aprendizaje.
Y ahora, consideremos esta misma disputa, dándose en medio de la calle, o a la puerta de una Iglesia (o cualquier edificio religioso). Es fácil pensar que exigiremos más respeto al blasfemo cerca de un edificio religioso (donde más gente puede sentirse ofendida) que en medio de la calle, y también afectará a nuestro juicio de la situación.
De aquí podemos sacar dos conclusiones básicas: la primera es que en cada situación entran en juego todos los factores anteriormente nombrados, y la calidad de nuestro juicio vendrá dada por la unión de todos ellos. No debemos confundir nuestra valoración con nuestra actuación posterior, ya que pese a un juicio muy sesgado, podemos realizar una actuación que sobrepase esos sesgos, lo cual representaría una actuación empática*. La segunda conclusión es que ningún sesgo tiene un límite claro que lo distinga de otro, ya que cada situación puede llegar a un alto nivel de complejidad, y ninguno de los anteriormente descritos puede abarcar por si solo una problemática.


" La imparcialidad no es más que el reflejo de la ignorancia de aquel que cree imponer una verdad sujeta a su propia parcialidad."




                                                                                             ***Pendiente de revisión***


lunes, 6 de febrero de 2012

Un dia de lluvia.

Dicen que el amor imposible tiene su gracia;
necios. No amarte a ti seria de chiste.
Que si tu estás triste llueve, y pretendo el sol
y solo me conmueve saber que sonreirás cuando pruebe.
Que si tu estás triste llueve, y no es de recibo
estar vivo en esa nube, pues no es más
que un monzón de lágrimas de tinta negra
susurrando al golpear el olvido de mi libreta.
Que si no llueve, todos ofrecerán cobijo.
Pero, lo sientas o no, diles adiós.
Que de noche todos los gatos son pardos
y cuando llueve se esconden y bajan de tu tejado.
Tu sólo dime hola, sonríe
al fin y al cabo sólo es agua pretendiente de tu cuerpo.
Dame un beso, que se ponga celoso el aguacero,
y que le joda a la tormenta rabiosa por dentro.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Reflexión sobre la mala fama

Hoy vuelvo para repudiar por completo un concepto con el que la humanidad siempre ha jugado: la mala fama. En mi modesta opinión está mal denominada, y me baso para argumentarlo en mis experiencias pasadas y presentes. Me explico.
Durante mis años más adolescentes cometí las locuras típicas de la edad, y algunas no tan típicas. De mí se podría decir que fui gamberro, siempre sarcástico y algo borde (aunque siempre me defendí alegando que era de simpatía selectiva). También era algo problemático, un chico callejero siempre metido en mil movidas, muchas de ellas por abrir en exceso la boca. La sinceridad siempre fue mi fuerte, así como un handicap a superar en ocasiones. Y como todo buen adolescente, y proyecto de hombre que se precie (y aquí me permitiréis el coloquialismo) me gustaba la carne más que a un perro con hambre. Sí, era mujeriego, y que tire la primera piedra el que no haya mirado todo lo que se le pasaba por delante en esos años.
Me pasa como a los monos, me voy por las ramas. Veréis, a día de hoy (unos cuatro o cinco años hace ya que cambie mi forma de ver las cosas) mi vieja "mala fama" me persigue, y por ello soy centro de críticas y despotricaciones por parte, y mirad que curioso, de gente que me conoce de poco más que un simple saludo. Y creedme, a veces es difícil conseguir algo cuando, pregunte donde pregunte la gente por mí, siempre se escucharan malas palabras. Y aquí hago un inciso, que curiosa manía la de la gente, que pregunta en busca de información a las personas que menos saben del susodicho, y no a quien de verdad ha sido cercano a él/ella.
Al grano. Imaginad ahora un bosque frondoso del que se dice que es tenebroso, y abundante en animales peligrosos. Muchos se quedarán al borde, sin atreverse a conocerlo, y se quedarán con esa "mala fama" de la que antes hablaba. Sin embargo, otros harán oídos sordos, y se aventuraran entre sus árboles. Ellos, que conocen el bosque, son los que podrán quedarse si les gusta, o irse si les defrauda. Pero ellos tendrán la capacidad de opinar, pues sólo ellos conocen lo que valoran. Y así el bosque sólo estará poblado por gente que ama ese ambiente, y se librará así de cobardes, malhablados, cizañeros, y demás indeseables.
¿Mala fama?...a mi me ayuda.
A quien lo entienda, le recomiendo valor y sentido común, y a quien no, se lo receto.
Y a ti, que te arriesgaste más que nadie en ese bosque, mil gracias.

jueves, 6 de octubre de 2011

Treinta minutos

Tic-tac, tic-tac...Comienza la cuenta atrás. Comienza en ese momento en que ella baja las escaleras, tan guapa como siempre. Supongo que será que la miro con ojos de enamorado, pero no puedo evitar verla distinta cada día, como si una y otra vez me ocultara algo sólo para sorprenderme más tarde. Y es entonces cuando me mira, y sonríe. A veces incluso baja más rápido para llegar antes al lugar donde espero impaciente. Tic-tac, tic-tac.
Solemos ir andando hasta el kiosco, donde nos sentamos y hablamos sobre como fue la tarde anterior, las clases, y otros temas que van surgiendo con la gente que nos rodea. Buscando un mechero para encender el cigarro de una, robando Jumpers de la bolsa de la otra, haciendo bromas con las revistas que están expuestas a nuestro lado...así pasan los minutos, y cada vez lo escucho más fuerte: tic-tac, tic-tac.
Pero entonces ella me abraza, me besa, me mira y me susurra al oído que me quiere, que la vuelvo loca...y yo como un palurdo sólo se contestar: -yo también a ti-. Tanta elocuencia y sólo esas palabras son capaces de salir de mi boca en un momento en que me gustaría decirle tanto...Que bonito queda decir que ella para el tiempo en ese momento, y que irreal. Más bien parece darle un estímulo para que vaya aún más y más rápido. Tic-tac, tic-tac.
Y se acabó. Antes de que quiera darme cuenta, tiene que irse. Pero el reloj me da algo a cambio. Treinta minutos de felicidad que no se desgastan a lo largo del día, que se acumulan, que me hacen volver una mañana más en busca de mi pequeña pero excitante dosis de ti.
Treinta son los minutos que ella necesita para cambiar sombra por sol. Treinta son los minutos que necesito para verla. Tic-tac, tic-tac.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Cosa de genética

Debo empezar aclarando que quisiera que esto se tomase como una especie de carta de disculpas; esta vez la dirigiré a la gente joven normal en general. Y dicho esto...
Estimados/as jóvenes de hoy en día:
Lo siento. Quiero pediros disculpas a todos vosotros, porque sé que mi actitud es cuanto menos insultante en esta sociedad en la que vivimos, y que la desaprobáis completamente por ser yo un bicho raro.
Siento en el alma ser una de esas personas que aún se levantan cuando ven a una señora sin asiento en el autobús. Sí, aún me muevo en autobús, cosa que también siento; no quise una moto como premio por suspender "sólo" tres asignaturas. Y siento, por supuesto, haber ido andando los días que no tenía dinero para pagar mi medio de transporte...tonto de mí, pudiendo haber pedido dinero mediante amenzas por la calle. Y hablando de calle, siento ser de esas personas que aún salen a divertirse, y no a emborracharse; tranquilos, aún me veréis ebrio alguna vez que otra. Siento muchísimo también preferir el aire libre a ver fotos de paisajes vía Internet, o disfrutar más escribiendo o leyendo que viendo una película. Y siento preferir poner una película y verla con mi pareja de vez en cuando antes que ponerla y pasar de su argumento. Ya veis, no perdí la virginidad a los catorce años en un baño de discoteca. Siento desconocer los efectos de pastillas de múltiples colores y sabores cada sábado, pero mi único vicio es un ibuprofeno los domingos de resaca. Hay mil casos más por los que mi conducta puede ser tachada de absurda, pero me alargaría demasiado, así que pediré una última disculpa a todos aquellos que preferís la buena vida a los estudios, que contestáis mal a vuestros padres (se que lo hacéis para defender vuestros derechos como jóvenes independientes), que no sabéis cocinar una mísera cena, o realizar tarea alguna en vuestras casas; a todos los que os reís de alguien que se tropieza y cae en vez de ayudarle, los que os creéis mejores por estar con unas cuantas personas a las que llamáis amigos detrás, o por tener tal casa y tal coche (no, no conduje el BMW de mi padre nada más sacarme el carné de conducir). Pido perdón porque vivo en una familia tan atrasada en el tiempo, que incluso me enseñaron el valor del esfuerzo, la educación, el sacrificio, la lucha...Pido perdón por no ser normal.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Cantos de sirena

Miro y me sorprendo a mí mismo tirando dados
Otra vez susurro a mi destino en cubilete;
Y no es pa menos, seis y uno marca el resultado,
Y representan el estado de mi vivir entre extremos.
Encerrado, un perro con rabia y cefaleas
demasiado acostumbrado a bailar con la más fea.
Atormentado por rugidos y bramidos,
Y harto de saber que siempre seré mi propia correa.
Cierro las puertas a las musas,
Unas lo usarán para dañarme, para mí es sólo una excusa
O incluso una ocasión para sentirme un foraneo
En mi sofá, y liberar neuronas reclusas en cráneos.
Hoy...intento darle al pausa
A esta farsa conocida como el no vivir con prisa.
Insulso, frases consideradas ilusas;
siseos de serpiente me señalan entre risas.


(est)
Ya no veo mi imagen en el espejo
Porque todas mis creencias no me servían de nada.
Me hago viejo y veo que un cuento de hadas
Comparado con la vida sólo es otro reflejo.
Me asemejo a un niño entre carcajadas
Que no ve venir la bala volando a su entrecejo.
Aún se ríe de la herida de sus codos;
Pero, todo, y digo todo, siempre es mucho más complejo.


No me quejo por todo lo terminado
Sí por lo que empecé y he dejado inacabado.
al pasado le hice frente y me hice duro
aprendiendo que el futuro es el mejor de los presentes.
Diferentes, describo así mis penas,
Y admito que apenas se nada de mis problemas.
Supongo que camino por la orilla, entre arena
Que me incita a no nadar, y este canto de sirena.
....De noche en mi bloque
Hace que el cuaderno se mire con otro enfoque.
Lo que quiero decir es que con lo que escribo
No me equivoqué, mas leido del revés tiene más sentido.
Será lo que he aprendido,
Tal vez el equívoco me haya hecho más sabio
Tal vez no, y sólo sea otro loco
Que se cree que con muy poco tiene la miel en los labios.



(est)
Ya no veo mi imagen en el espejo
Porque todas mis creencias no me servían de nada.
Me hago viejo y veo que un cuento de hadas
Comparado con la vida sólo es otro reflejo.
Me asemejo a un niño entre carcajadas
Que no ve venir la bala volando a su entrecejo.
Aún se ríe de la herida de sus codos;
Pero, todo, y digo todo, siempre es mucho más complejo.

miércoles, 6 de julio de 2011

Tardes

Si alguien me preguntase ahora mismo que es la felicidad, sería sencillo contestarle. No tengo una definición de diccionario para esa palabra, pero solo habría que tomar una fotografía justo el momento después de recibir un beso suyo para tener una buena descripción gráfica.
Y es que no hay nada más complejo entre nosotros que una mirada. Que el sentir sus manos en mi cara es similar a una ducha fría después de un intenso día de playa: relaja, refresca y apacigua. Son miles de pequeños detalles los que marcan nuestra corta historia, y no sabría con cual de ellos me quedaría si alguien me obligase a escojer. Pero por lo más alto juro que no hay nada más lindo que mirar su carita mientras duerme.
Por favor, ayúdame a mantener esa sonrisa de niño pequeño, haz mil tonterías, deja que yo las haga, dime que me quieres, y luego abrázame fuerte, cójeme por la cintura, agárrame el cuello y bésame con fuerza. Hazlo con pasión, y cuando menos me lo espere, mátame con un beso lento de los sabes que tanto me gustan. Vayámonos juntos a ese rinconcito, y escribamos nuestro número sobre la baldosa en que te sentaste. Y sobre todo sonríe, regálame a mi, y a todo el que quiera mirarte esa sonrisa tuya, porque mi mayor motivo de felicidad es saber que tú eres feliz, que vuelves a ser la que eras antes.
Gracias porque ayer, como llevas haciendo desde que te conozco, me diste una tarde mágica más que ocupará una página en el pequeño álbum de mis mejores recuerdos.