martes, 29 de marzo de 2011

miércoles, 9 de marzo de 2011

El sitio de mi recreo.


Siempre exististe, te descubrí tarde. O tal vez cuando debí hacerlo. Empezaste siendo un lugar maravilloso, tal vez por sus vistas de una pequeña ciudad marítima, por sus atardeceres, sus noches…Un pedazo de tierra que le demostraba su poderío a la constante y repetitiva arrogancia de las olas y las mareas. Un emplazamiento de fotografía, de tardes al sol y algún momento de desenfreno nocturno que otro.
Pero pronto te convertiste en mucho más. Miles son los sitios que pueden dejarte anonadado desde que llegas a ellos por su hermosura visual, por su esplendor natural. Pero tú…tú eres un igual. Eres mi otra parte, mi musa, la parte que me complementa y llena mi cabeza de momentáneas genialidades que mantienen a este loco. Eres también mi yo sereno, aquel que se opone a mis arranques de ira, que lucha contra la mayor de mis tristezas. Eres tú quién me trae el silencio que necesito cuando las palabras pierden su significado, quien me da todo cuando todo lo he perdido. Eres tú quien me recordó más de una vez el valor de la vida, de sus matices; quién sino tú me hizo comprender lo grande de lo diminuto, la seguridad que ocultaban mis dudas, la certeza de que por muchos altibajos que tuviera en mi existencia, no eran sino parte de un camino que, como tú, se yergue varios metros sobre el mar de desesperación en que a veces me sumerjo. Me enseñaste la simplicidad del problema más complejo, me hiciste reflexionar, me obligaste a cavilar una y otra vez sobre aquello que mi mente se negaba a aceptar, y fuiste inflexible conmigo en ese aspecto. Bendita fusión entre dureza y dulzura, que si me torturaba por dentro como si de una llama bajo mis pies se tratase, era sólo para ofrecerme una escalera directa a un tejado de paz interior donde salvarme de ese infierno en ascuas.  Siempre me recibiste sin importar horarios; y me ofreciste tu cuerpo como apoyo y tu soplo de brisa fresca como aliento.
Fuiste tú quien amansó mi juventud, y quien espero me reciba cuando deje de escribir por ser demasiado viejo.  Te debo tanto…tantos recuerdos, tantos momentos felices, tantos llantos, tantas sonrisas, tantas caras serias, tantas reflexiones, tantos poemas, tantas líneas sin aparente sentido salvo para nosotros dos…tanto.
Gracias, porque esta noche, como tantas otras, estabas ahí.

jueves, 17 de febrero de 2011

Noventa y seis grados de recuerdos

- Tranquilo, chico, no tengas miedo... 
- No tengo miedo. He visto borrachos muchas veces.
-¿Qué pinta tienen? 
- No hay mucho que ver. Bueno, no tanto como ellos parecen creer...¿Cuánto es lo bastante borracho? 
-Buena pregunta.Ven aquí, siéntate, te diré cuanto es lo bastante borracho. Bien, lo que aquí se ha planteado, es cuanto es lo bastante borracho. Y la respuesta es que depende de las células del cerebro. 
-¿Del...cerebro?
-Así es, Harry, con cada vaso de licor acabas con cientos de esas células, pero eso no importa mucho, porque tenemos millones. Primero mueren las de la tristeza, asi que estás sonriente. 
Luego, mueren las del silencio y todo lo dices en voz alta aunque no haya ninguna razón, pero eso no importa, no importa, por que después mueren las de la estupidez y hablas con inteligencia. 
Y, por último, las células de los recuerdos.............Esas son dificiles de matar.

Así transcurre el diálogo entre dos de los personajes de "La leyenda de Bagger Vance". Y da que pensar, ¿verdad?
Cuántas veces hemos oído que se bebe para olvidar...Y sin embargo que poco porcentaje de éxito conseguiríamos si hiciéramos un estudio sobre ello.
Pocas personas leerán esto, y muy pocas de éstas primeras le prestarán la mínima atención. Pero a vosotros, pequeña minoría, os propongo que difundáis el mensaje que ahora os transmito entre vuestros amigos, familiares, y demás seres queridos si la ocasión se presenta.
"Ejercer el olvido por voluntad es imposible" se dice, y es cierto. El alcohol, como todos sabemos es una sustancia que actúa sobre nuestro sistema nervioso entre otros, provocando un estado de euforia inicial (acompañado de su inhibición de la conducta, felicidad transitoria, y demás efectos sobre el estado de ánimo que todos hemos experimentado alguna vez) que viene acompañado de un posterior decrecimiento en  picado del mismo. En resumen, una patada en el culo. Subir a lo más alto para caer luego con más fuerza. Y no sólo eso. Además, anula completamente el control sobre ti mismo. ¿Eso es lo que queréis?
La valentía  es una virtud esencial a la hora de afrontar nuestros errores, nuestros actos, pero sobre todo...nuestro pasado. Y creo que todos estaremos de acuerdo en que pretender dejar de ser uno mismo por un tiempo para evitar todo esto no es una opción valiente; más bien un acto lleno de cobardía que no lleva sino a la autodestrucción y a la adopción de un mecanismo de huida crónico. Pero es difícil huir de un rival que te perseguirá siempre, pues en cuanto flaquees, te cogerá y acabará contigo inevitablemente.
Y si bien es cierto que esa inhibición inicial que se experimenta hace que te sientas invencible, solo será para demostrarte después que no lo eres. Esa depresión en la que te hundirás más tarde solo exacerbará tu pena y la dará un grado mayor. Es como llevar una espiga en la boca. Qué sencillo e inocente es introducirla...y sin embargo luego te asfixiará sin remedio.
Y es triste perder, eso lo sabemos todos. Pero no imagino cosa más dura que hacerlo siendo tu propio rival.
Por eso, solo me queda decir a todos aquellos que buscan el camino más fácil...Valentía, fuerza, coraje. Que resuenen estas palabras en vuestra cabeza. Recordad que una barrera es tan alta como queramos verla, y que nunca lo será lo suficiente como para ser infranqueable.
Y a los que habéis utilizado algo de vuestro tiempo en leer mis delirios, gracias de corazón.


"Nunca temas a las sombras. Sólo constituyen el indicio de que en algún lugar cercano hay una luz resplandeciente." 
                                                               - Ruth Renkel 

martes, 15 de febrero de 2011

Una flor y mil palabras.

Te encontré de casualidad. Tal vez fue la brisa la que me trajo tu perfume, o puede que ese destino en el cual no creo sea el culpable de todo. El caso es que te encontré.
Sólo un día tardaste en inspirarme, y sólo dos días necesitaste para llenar hojas y hojas de un cuaderno que me observaba pasivo y anonadado.
Llegaste desde lejos, y mi camino hizo que me fatigase justo en el lugar en que tú esperabas, el lugar en el que aguardaba la flor que buscaba sin sentido ni éxito desde hacía ya mucho. Que cruel es el tiempo, que si en la tristeza te golpea con cada tic-tac del segundero, en la alegría te arrolla con su pasmorosa velocidad.
Y me llamaste. Es increible la manera en que una búsqueda termina, la manera en que el mundo te ofrece las respuestas cuando bajas la guardia y menos esperas encontrarlas. Y aún más ver como ésto no produce sino nuevas preguntas que ansío responder.

Me fascina tu elegancia escondida tras una mirada traviesa, a veces miel a veces hierba. Sonries al sol, para un segundo después ocultarte donde nadie puede verte...vergonzosa belleza, siempre tan insegura.
Dicen que las semejanzas unen, y son las pequeñas diferencias las que hacen que esa unión sea para siempre. Ahora sólo espero a que llegue otro día para poder volver a verla, en busca de un detalle que me asegure que siempre estará ahí, a pesar de lo duros que sean los inviernos.
A la flor que me inspiró y me hizo respirar:
                                                       Gracias, y hasta mañana

martes, 8 de febrero de 2011

Silencio

Hay veces que nos hartamos de hablar, de conseguir que nuestras cuerdas vocales emitan sonidos concretos, pero de significado difuso y oscurecido por nuestra falta de razón. Y en nuestro ansia por destacar  tenemos la curiosa capacidad de demostrar idiotismo en cada sílaba.
Ya lo dijo hace tiempo un gran artista: "procura que tus palabras sean mejores que el silencio".
Así que espero que os sirva este pequeño recordatorio: Disfruta del silencio

jueves, 13 de enero de 2011

Títeres de tinta

Títeres de tinta. (en honor a Daltónico)

Hoy me he presentado ante un folio con mis rezos,
Un esbozo de sonrisa que hace tiempo se forzó.
Fuerza diluida entre zarzas y cerezos.
Un bostezo de entereza cabecea en este canto.
Me levanto, ando lento por si acaso,
El fracaso es un suceso que se cubre con un manto.
Paso al futuro, camino hacia el retraso;
Un ocaso del pasado al que mi mente adelantó.
Vivo en una nube de jabón (estado turbio),
Un suburbio hundido en fango y ceniza cuando escribo.
Redacto sobre ira y dolor; tengo
Motivos, como todos, para perder los estribos.
(Pertenezco a una especie extinta;)
Entre las cuerdas de cuerdos recuerdos sobre títeres de tinta.
Quinta estación que al artista hacia finta,
Para darle pistas de cómo la podía pintar.
Ando con versos, converso a tu religión
Mi obsesión, canción escrita con besos;
De pluma a celulosa, y celosa la luna;
Sabe que sólo con ver el sol solo converso.
Preso de tu magia indomable,
Un sable que clavé porque nadie echaba un cable.
Cien susurros, una premisa,
Una sonrisa y aplauso por cada uno que vive sin prisa.

Pálpitos ridículos por la mujer que amas,
Llamas que llaman en tu entraña a lo inóspito.
Pálidos, pues nadie se enamora a propósito;
Un depósito en un corazón que no da para más.
Esas sábanas, semanas a su lado,
Y cuando todo ha terminado, dime, qué es lo que quedó.
Objetivos que ninguno realizó,
Mil promesas encerradas en un cuerpo destrozado.
Tiro los dados, predestinado azar,
Un bazar de sentimientos apostados en un pálpito.
Nace un cántico que es fruto de este hábito
De reparar mi débito olvidando tu mirar.
Reparto trazos por cuadrículas dispersas,
Doscientos persas contra un fornido espartano.
Y es que por mucho que lo quiera enterrar
En un folio, mi pasado aún camina de mi mano.
Hablando en plata se escriben poemas de oro,
Ni de bronce ni de acero somos, por eso los lloros.
Por eso todos hemos sentido una vez,
La tristeza de una cabeza escondida entre los codos.
Tras una charla conmigo mismo borracho
De ironías; líneas hechas para derrocharlas.
Es el choque que machaca cuan croché,
Música de parche y reflexión, escuchadla.

Y a ti, gracias por recordarme la fuerza de la expresión escrita.

sábado, 8 de enero de 2011

Requiem por un sueño

Requiem por un sueño.

Antes de comenzar con el asunto que me ha llevado a ponerme hoy delante de un teclado con el único propósito de que la gente conozca un poco más sobre las historias que no suelen salir en los periódicos, querría pedirle disculpas a usted, querido lector, por mi falta de capacidad redactora, mi excesivo uso de la ironía, y por la falta de complejidad de mi mensaje. Pero de pequeño me enseñaron que para evitar los mosquitos lo mejor es usar un insecticida, así que es lo que haré.
Requiem por un sueño, ¿suena bien, verdad? A primera vista parece el título de una obra musical de algún compositor del siglo XVI, o el de la conocida novela de Hubert
Selby Jr. de 1978. Pero no. Lo que hoy intento plasmar es un cántico de adios al sueño de un grupo de casi 50 personas, que fue sometido a pena de muerte por uno de los mayores enemigos de la imaginación y la cultura en este país. Los más técnicos lo conocen como Sociedad General de Autores y Editores, pero los de la LOGSE lo llamamos simplemente SGAE.
Nos situamos en Julio del curso académico 2008-2009 del colegio La Salle, en la norteña ciudad de Santander. Les invito a todos a que suban al piso donde se estudia el Bachillerato, entren en la primera puerta a la izquierda, y se preparen para ver al temible adversario de esta agrupación que protege los derechos de miles de autores.
No, sus ojos no les engañan. Es un grupo de teatro formados por alumnos y ex-alumnos de entre 15 y 22 años, sin experiencia profesional en el tema. Jóvenes derrumbados sobre el suelo de un escenario, con caras tristes y desilusionados. ¿El por qué?. Permitanme que vuelva nueve meses atrás y se lo explique.
Un año más este grupo de teatro se dispone a comenzar sus ensayos, y esta temporada les espera algo muy grande. El proyecto consiste en hacer una fusión de los musicales de la famosa historia de El diario de Ana Frank, y la también reconocida obra de El niño con el pijama de rayas. Un guión adaptado a la recreación de las catástrofes que se dieron durante la Segunda Guerra Mundial, pero sobre todo adaptado a las capacidades de un grupo cuyo único presupuesto sale de sus bolsillos; especialmente de los de su director, que un año más se carga esta responsabilidad a sus espaldas a sabiendas de que no habrá más beneficio para él en esa obra que los aplausos que logre arrancar al público.
Es así como transcurren los meses. Ensayo tras ensayo crece la ilusión de todo el elenco por la obra, una pieza que envolvía a todos, y que para muchos era una manera de evadirse durante unas horas a la semana de todo lo demás, de apartar sus problemas para introducirse en la mente de otra persona, que piensa y siente de formas muy distintas a lo que dejaban tras la puerta de la sala.
Y al fin llega el momento de las representaciones. Los nervios estaban a flor de piel, y los actores sabían que era el momento de demostrar el trabajo de todo un año, de enseñar a todo aquel que quisiera verlo los horrores de esa época tan dura para la mayoría de las personas en este planeta. El éxito fue absoluto. La sala enmudeció durante toda la representación, y cuando todo terminó, los aplausos se mantuvieron en el aire durante minutos, ahogados solo por las lágrimas en las caras de muchos miembros del público, y como no, de todos y cada uno de los componentes del grupo. Y sí, como podreis haber deducido, yo era una de esas personas, uno más de los que escondido tras las cortinas ya cerradas, daba brincos de alegría al ver su trabajo y su esfuerzo recompensados de esa forma.
Y así parece acabar la cosa, pero no. La calidad de la obra había llegado a oidos de algunos medios de comunicación, como el Diario Montañes, y de otros grupos de teatro con mucho peso de la ciudad. Fue por ello que los dirigentes del grupo nos convocaron a todos para hablar de un tema urgente. El Palacio de Festivales de Santander nos ofrecía la posibilidad de volver a representar nuestra obra allí, de actuar ante miles de personas, personas que dejaban de ser en su mayoría familia y amigos de los actores para convertirse en un público mayoritariamente selecto y con gran afición por el teatro.
Era como un sueño hecho realidad, y sí, era el sueño al que hoy dedico este canto lúgubre. Y es que esta representación se quedó en nada. Nuestras ilusiones se quedaron en nada. El por qué es sencillo.
La banda sonora utilizada en la representación no era propia, sino extraida de otros musicales similares, y uno de los miembros de nuestra querida SGAE se había ocupado de venir a ver la pieza realizada por un grupo de alumnos de colegio en busca de irregularidades que por supuesto encontró. En nuestro forzado presupuesto no habíamos incluido pagar a estos señores por utilizar esas canciones, por lo que la actuación en el Palacio de Festivales fue cancelada hasta que hubiesemos saldado cuentas con ellos.
He de añadir que debido al hecho de que todo el espectáculo era gratuito, su demanda no tenía validez alguna, pero para cuando esto se solucionó era demasiado tarde.
Como todos sabemos, la SGAE es una asociación de personas que protegen los derechos de autor de miles de escritores, cantantes, y demás personas relacionadas con el mundo del arte en este país. Y sin duda su trabajo es fundamental para que todos esos artistas que tienen algo que decir puedan hacerlo, y ganar con ello un beneficio que les permita vivir, o en caso de los menos afortunados, tener algunos extras que rellenen sus carteras; y por supuesto que nadie pueda usar esas creaciones con ánimo de lucro, para beneficiarse del trabajo de otros.
¿Pero arrasar con el sueño de 50 chavales que realizan una actividad simplemente por hobby, sabiendo que no sacan nada más que la satisfacción por lo realizado, por llenar sus bolsillos? ¿ No es esto contra lo que ellos luchan? Porque yo siento que alguien ha intentado aprovecharse de mi trabajo y el de mis compañeros.
Por Dios, ¿dondé está el sentido común, amigos?. Parecíamos niñas jugando a la comba perseguidas por la Inqusición y acusadas de brujería.
Entiendo que ellos tienen que realizar su trabajo y lo respeto. Pero cuando a mi me dan un oficio lo primero que me piden es eficiencia, para los de la LOGSE, hacer bien mi trabajo. Y señores míos, no informarse de cuándo puedes o no aplicar una demanda de ese tipo debido al uso de una banda de sonora ajena al elenco de la obra, y proceder sin saber si lo que estás haciendo es correcto, no me parecen actos a los que se les pueda colgar la etiqueta de eficientes.
Y puede ser por despecho que hoy escriba esto, pero me gustaría que supieran que gracias a su negligencia todas estas personas que habían estado un año trabajando en un proyecto, e invirtiendo un dinero que seguramente a ninguno le sobraba, se quedaron sin poder vivir en primera persona una experiencia que para muchos era más que una oportunidad; y es que como ya he dicho antes, para muchos de nosotros no era sólo eso, era un sueño.
Francisco San José López-Tafall
Componente del Grupo de Teatro La Salle