martes, 15 de febrero de 2011

Una flor y mil palabras.

Te encontré de casualidad. Tal vez fue la brisa la que me trajo tu perfume, o puede que ese destino en el cual no creo sea el culpable de todo. El caso es que te encontré.
Sólo un día tardaste en inspirarme, y sólo dos días necesitaste para llenar hojas y hojas de un cuaderno que me observaba pasivo y anonadado.
Llegaste desde lejos, y mi camino hizo que me fatigase justo en el lugar en que tú esperabas, el lugar en el que aguardaba la flor que buscaba sin sentido ni éxito desde hacía ya mucho. Que cruel es el tiempo, que si en la tristeza te golpea con cada tic-tac del segundero, en la alegría te arrolla con su pasmorosa velocidad.
Y me llamaste. Es increible la manera en que una búsqueda termina, la manera en que el mundo te ofrece las respuestas cuando bajas la guardia y menos esperas encontrarlas. Y aún más ver como ésto no produce sino nuevas preguntas que ansío responder.

Me fascina tu elegancia escondida tras una mirada traviesa, a veces miel a veces hierba. Sonries al sol, para un segundo después ocultarte donde nadie puede verte...vergonzosa belleza, siempre tan insegura.
Dicen que las semejanzas unen, y son las pequeñas diferencias las que hacen que esa unión sea para siempre. Ahora sólo espero a que llegue otro día para poder volver a verla, en busca de un detalle que me asegure que siempre estará ahí, a pesar de lo duros que sean los inviernos.
A la flor que me inspiró y me hizo respirar:
                                                       Gracias, y hasta mañana

2 comentarios:

  1. Muchas gracias, ya me pase por el tuyo...y más de lo mismo para ti, es genial...cositas cortas, pero concisas. ¿¿Como puedo contactar contigo??

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