jueves, 13 de enero de 2011

Títeres de tinta

Títeres de tinta. (en honor a Daltónico)

Hoy me he presentado ante un folio con mis rezos,
Un esbozo de sonrisa que hace tiempo se forzó.
Fuerza diluida entre zarzas y cerezos.
Un bostezo de entereza cabecea en este canto.
Me levanto, ando lento por si acaso,
El fracaso es un suceso que se cubre con un manto.
Paso al futuro, camino hacia el retraso;
Un ocaso del pasado al que mi mente adelantó.
Vivo en una nube de jabón (estado turbio),
Un suburbio hundido en fango y ceniza cuando escribo.
Redacto sobre ira y dolor; tengo
Motivos, como todos, para perder los estribos.
(Pertenezco a una especie extinta;)
Entre las cuerdas de cuerdos recuerdos sobre títeres de tinta.
Quinta estación que al artista hacia finta,
Para darle pistas de cómo la podía pintar.
Ando con versos, converso a tu religión
Mi obsesión, canción escrita con besos;
De pluma a celulosa, y celosa la luna;
Sabe que sólo con ver el sol solo converso.
Preso de tu magia indomable,
Un sable que clavé porque nadie echaba un cable.
Cien susurros, una premisa,
Una sonrisa y aplauso por cada uno que vive sin prisa.

Pálpitos ridículos por la mujer que amas,
Llamas que llaman en tu entraña a lo inóspito.
Pálidos, pues nadie se enamora a propósito;
Un depósito en un corazón que no da para más.
Esas sábanas, semanas a su lado,
Y cuando todo ha terminado, dime, qué es lo que quedó.
Objetivos que ninguno realizó,
Mil promesas encerradas en un cuerpo destrozado.
Tiro los dados, predestinado azar,
Un bazar de sentimientos apostados en un pálpito.
Nace un cántico que es fruto de este hábito
De reparar mi débito olvidando tu mirar.
Reparto trazos por cuadrículas dispersas,
Doscientos persas contra un fornido espartano.
Y es que por mucho que lo quiera enterrar
En un folio, mi pasado aún camina de mi mano.
Hablando en plata se escriben poemas de oro,
Ni de bronce ni de acero somos, por eso los lloros.
Por eso todos hemos sentido una vez,
La tristeza de una cabeza escondida entre los codos.
Tras una charla conmigo mismo borracho
De ironías; líneas hechas para derrocharlas.
Es el choque que machaca cuan croché,
Música de parche y reflexión, escuchadla.

Y a ti, gracias por recordarme la fuerza de la expresión escrita.

sábado, 8 de enero de 2011

Requiem por un sueño

Requiem por un sueño.

Antes de comenzar con el asunto que me ha llevado a ponerme hoy delante de un teclado con el único propósito de que la gente conozca un poco más sobre las historias que no suelen salir en los periódicos, querría pedirle disculpas a usted, querido lector, por mi falta de capacidad redactora, mi excesivo uso de la ironía, y por la falta de complejidad de mi mensaje. Pero de pequeño me enseñaron que para evitar los mosquitos lo mejor es usar un insecticida, así que es lo que haré.
Requiem por un sueño, ¿suena bien, verdad? A primera vista parece el título de una obra musical de algún compositor del siglo XVI, o el de la conocida novela de Hubert
Selby Jr. de 1978. Pero no. Lo que hoy intento plasmar es un cántico de adios al sueño de un grupo de casi 50 personas, que fue sometido a pena de muerte por uno de los mayores enemigos de la imaginación y la cultura en este país. Los más técnicos lo conocen como Sociedad General de Autores y Editores, pero los de la LOGSE lo llamamos simplemente SGAE.
Nos situamos en Julio del curso académico 2008-2009 del colegio La Salle, en la norteña ciudad de Santander. Les invito a todos a que suban al piso donde se estudia el Bachillerato, entren en la primera puerta a la izquierda, y se preparen para ver al temible adversario de esta agrupación que protege los derechos de miles de autores.
No, sus ojos no les engañan. Es un grupo de teatro formados por alumnos y ex-alumnos de entre 15 y 22 años, sin experiencia profesional en el tema. Jóvenes derrumbados sobre el suelo de un escenario, con caras tristes y desilusionados. ¿El por qué?. Permitanme que vuelva nueve meses atrás y se lo explique.
Un año más este grupo de teatro se dispone a comenzar sus ensayos, y esta temporada les espera algo muy grande. El proyecto consiste en hacer una fusión de los musicales de la famosa historia de El diario de Ana Frank, y la también reconocida obra de El niño con el pijama de rayas. Un guión adaptado a la recreación de las catástrofes que se dieron durante la Segunda Guerra Mundial, pero sobre todo adaptado a las capacidades de un grupo cuyo único presupuesto sale de sus bolsillos; especialmente de los de su director, que un año más se carga esta responsabilidad a sus espaldas a sabiendas de que no habrá más beneficio para él en esa obra que los aplausos que logre arrancar al público.
Es así como transcurren los meses. Ensayo tras ensayo crece la ilusión de todo el elenco por la obra, una pieza que envolvía a todos, y que para muchos era una manera de evadirse durante unas horas a la semana de todo lo demás, de apartar sus problemas para introducirse en la mente de otra persona, que piensa y siente de formas muy distintas a lo que dejaban tras la puerta de la sala.
Y al fin llega el momento de las representaciones. Los nervios estaban a flor de piel, y los actores sabían que era el momento de demostrar el trabajo de todo un año, de enseñar a todo aquel que quisiera verlo los horrores de esa época tan dura para la mayoría de las personas en este planeta. El éxito fue absoluto. La sala enmudeció durante toda la representación, y cuando todo terminó, los aplausos se mantuvieron en el aire durante minutos, ahogados solo por las lágrimas en las caras de muchos miembros del público, y como no, de todos y cada uno de los componentes del grupo. Y sí, como podreis haber deducido, yo era una de esas personas, uno más de los que escondido tras las cortinas ya cerradas, daba brincos de alegría al ver su trabajo y su esfuerzo recompensados de esa forma.
Y así parece acabar la cosa, pero no. La calidad de la obra había llegado a oidos de algunos medios de comunicación, como el Diario Montañes, y de otros grupos de teatro con mucho peso de la ciudad. Fue por ello que los dirigentes del grupo nos convocaron a todos para hablar de un tema urgente. El Palacio de Festivales de Santander nos ofrecía la posibilidad de volver a representar nuestra obra allí, de actuar ante miles de personas, personas que dejaban de ser en su mayoría familia y amigos de los actores para convertirse en un público mayoritariamente selecto y con gran afición por el teatro.
Era como un sueño hecho realidad, y sí, era el sueño al que hoy dedico este canto lúgubre. Y es que esta representación se quedó en nada. Nuestras ilusiones se quedaron en nada. El por qué es sencillo.
La banda sonora utilizada en la representación no era propia, sino extraida de otros musicales similares, y uno de los miembros de nuestra querida SGAE se había ocupado de venir a ver la pieza realizada por un grupo de alumnos de colegio en busca de irregularidades que por supuesto encontró. En nuestro forzado presupuesto no habíamos incluido pagar a estos señores por utilizar esas canciones, por lo que la actuación en el Palacio de Festivales fue cancelada hasta que hubiesemos saldado cuentas con ellos.
He de añadir que debido al hecho de que todo el espectáculo era gratuito, su demanda no tenía validez alguna, pero para cuando esto se solucionó era demasiado tarde.
Como todos sabemos, la SGAE es una asociación de personas que protegen los derechos de autor de miles de escritores, cantantes, y demás personas relacionadas con el mundo del arte en este país. Y sin duda su trabajo es fundamental para que todos esos artistas que tienen algo que decir puedan hacerlo, y ganar con ello un beneficio que les permita vivir, o en caso de los menos afortunados, tener algunos extras que rellenen sus carteras; y por supuesto que nadie pueda usar esas creaciones con ánimo de lucro, para beneficiarse del trabajo de otros.
¿Pero arrasar con el sueño de 50 chavales que realizan una actividad simplemente por hobby, sabiendo que no sacan nada más que la satisfacción por lo realizado, por llenar sus bolsillos? ¿ No es esto contra lo que ellos luchan? Porque yo siento que alguien ha intentado aprovecharse de mi trabajo y el de mis compañeros.
Por Dios, ¿dondé está el sentido común, amigos?. Parecíamos niñas jugando a la comba perseguidas por la Inqusición y acusadas de brujería.
Entiendo que ellos tienen que realizar su trabajo y lo respeto. Pero cuando a mi me dan un oficio lo primero que me piden es eficiencia, para los de la LOGSE, hacer bien mi trabajo. Y señores míos, no informarse de cuándo puedes o no aplicar una demanda de ese tipo debido al uso de una banda de sonora ajena al elenco de la obra, y proceder sin saber si lo que estás haciendo es correcto, no me parecen actos a los que se les pueda colgar la etiqueta de eficientes.
Y puede ser por despecho que hoy escriba esto, pero me gustaría que supieran que gracias a su negligencia todas estas personas que habían estado un año trabajando en un proyecto, e invirtiendo un dinero que seguramente a ninguno le sobraba, se quedaron sin poder vivir en primera persona una experiencia que para muchos era más que una oportunidad; y es que como ya he dicho antes, para muchos de nosotros no era sólo eso, era un sueño.
Francisco San José López-Tafall
Componente del Grupo de Teatro La Salle

domingo, 19 de diciembre de 2010

Un ladrillo menos

Y el muro va cayendo, ladrillo a ladrillo...

Una mirada cómplice. Conocía tus intenciones desde que me miraste la primera vez. Y tú las mías. Y aún así me mantuve escéptico ante ti. Mi cabeza no alcanzaba a entender como esos ojos verdes podían clavarse en los míos como las espinas de una rosa lo harían en mi mano cuando fuese a arrancarla para ti. ¿Pero quién quiere una rosa?. Al fin y al cabo sólo es un símbolo más del materialismo con el que tratamos el amor y el cariño hacia una persona. El amor...cuánto hablamos de él y que poco lo conocemos. Si ayer me hubieran preguntado si lo que sentía era amor, habría respondido que no lo sé. ¿Miedo? Tal vez.
Si algo se a ciencia cierta es que ese muro del que tanto hablabas se hizo trizas. Las horas pasaron. Había algo que, sin embargo, permanecía intacto. Posiblemente desconozca toda la vida que fue lo que me ató esa tarde a tí, lo que hizo que me durmiera tumbado a tu lado con esa sensación de seguridad que tu abrazo me transmitía. Pero realmente...¿ necesito un por qué? ¿Acaso necesita un por qué el cariño, el respeto? Un alma no necesita llenarse de preguntas y respuestas, y yo no necesito preguntarme por qué cada beso era saltar a un precipicio. No conocía lo que había en el fondo de aquel oscuro secreto que tus labios encerraban. Pero salté.
Dicen que una mirada dice más que mil palabras. Mis ojos cerrándose al notar el tacto de tu mano en mi cara, mi respiración pausada, esa paz...aún no existen folios para plasmar eso.

Gracias por llenarme con tu silencio. Se despide de tí un pobre hombre con ansia por ser poeta.

Un ladrillo menos.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Grupo La Salle

Dani Cuende lo decía en un comentario, ¡sois magos! Habéis hecho posible la magia de transmitir emociones, de emocionar a un público, de ser quien no sois, de hacer posible una maravillosa historia, de construir un sueño juntos, de crear unos lazos invisibles que unen muy hondo… Sois magos, habéis sido magos. ¡Gracias! ¡Gracias a todos y a cada uno! Por encima de las broncas, de los discursos, de… -perdonádmelo todo- es mucho, muchísimo lo que he aprendido de cada uno de vosotros, lo que he disfrutado viendo como, sin daros cuenta, ibais mejorando, aprendiendo a actuar, sacando vuestro personaje, creciendo como actores y personas, haciendo crecer la obra entera, dando forma y corrigiendo para mejorarlo lo que, hasta ese momento, sólo existía en mi cabeza y que de pronto, milagro –magia-, ¡estaba vivo en todos! ¡era cada vez más realidad! ¡Lo habéis hecho realidad y con una calidad inmensa! ¡Gracias!
La última representación me emocioné cuando, de pronto, todo el público en bloque se puso de pie en el reprise final. Lloré de alegría porque, simplemente, os lo merecíais, todos y cada uno, porque os lo merecéis. Me sentí tan feliz de ver vuestras caras, de ver vuestra felicidad, de ver tantas emociones en vuestros ojos, en vuestros rostros que… lloré de felicidad por todos y cada uno de vosotros. De verdad, os lo merecéis. Habéis hecho magia, una magia maravillosa de esas que JAMÁS se olvidan. ¡Gracias, de corazón! Me gustaría deciros a cada uno cosas concretas, las hay, insisto –de cada uno-, pero no me quiero poner pesado. Así que: ¡Gracias a todos, a cada uno por éste maravilloso JAMÁS, EL MUSICAL! ¡Gracias por ser magos!

Fuga de ideas

Intento resolver el misterio que tus ojos encierran...
Tal vez algun dia lo consiga...¿pero realmente quiero?
Si, les tengo clavados en mi mente...una mirada...
¿es posible? lucharé porque así sea...
Los sueños son lo que nosotros queremos que sean...
Si no paro de soñar contigo....¿sera que eres tú lo que quiero?