¡Eh, tú! ¿A qué viene esa cara tan larga? Vamos, sonríe. Siéntate
y lee, escribe un relato, compón una melodía, escucha tu canción favorita. O sal
de casa, pasea, corre, salta. Llama a un amigo y tomaos una cerveza juntos. Compra
una rosa, regálasela a esa chica que te cruzas por la calle cada día de camino
hacia el trabajo, y dile hola. Gasta más tiempo, y menos dinero. Hazlo en los
tuyos, con los tuyos, para los tuyos. Y hazlo en ti, pues eres el primero que
merece tus segundos. No seas egoísta. Regala cariño, regala comprensión, regala
miradas, regala un abrazo, regala una palabra amable, regala pensamientos
agradables…regala tu amor. Ama. Ámate a ti, con tus manías, con tus torpezas,
con tus limitaciones, y por supuesto con tus cualidades. Invierte esfuerzo en
conocerte, en descubrir nuevos límites, en repasar los antiguos. Conoce mundo,
conoce tu casa. Hurga en tu mente, busca preguntas, encuentra respuestas; pero también al revés. Y cuando seas capaz de quererte y comprenderte ama a otro, y hazlo incondicionalmente; sin tapujos, sin tabús, sin vergüenzas, sin barreras de ningún tipo. Dale todo
lo que has descubierto, y deja que explore el entramado sendero que has
recorrido. Sin darte cuenta, estaréis creando un camino cada vez más largo.
Pero tranquilo, simplemente sigue andando. Si tropezaste, atrás quedó; de la
meta nadie sabe, así que no te agobies y respira hondo. Cierra los ojos e
imagina que el ruido desaparece, que sólo existes tú. Ábrelos, y mira al cielo,
admira su inmensidad, deja que te llene. Mira a tu alrededor. No estás solo.
Millones de personas marchan cada día igual que tú,
cabizbajos, ensimismados en sus problemas. ¿Lo ves? Están esperándote. Están
esperando a que les llames para tomar una cerveza, que les digas hola, que les
regales una rosa. El indigente de la esquina puede necesitar tu dinero, pero
también tu tiempo. Regálaselo. Ámalos a todos, y deja que ellos te amen.
Conócelos, y construid vuestro nuevo camino. Apoyaos en el otro al tropezar,
que así la caída dolerá menos. La meta sigue siendo la misma, pero el llegar se
hace mucho más ameno si es acompañado.
Y entonces cerrad los ojos. Imaginad que el ruido
desaparece, que ya no sólo existirás tú. Ahora, abrid los ojos, mirad a la
persona de vuestro lado, y admirad su inmensidad. Observad a vuestro alrededor.
Y volved al principio.
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