Siempre exististe, te descubrí tarde. O tal vez cuando debí hacerlo. Empezaste siendo un lugar maravilloso, tal vez por sus vistas de una pequeña ciudad marítima, por sus atardeceres, sus noches…Un pedazo de tierra que le demostraba su poderío a la constante y repetitiva arrogancia de las olas y las mareas. Un emplazamiento de fotografía, de tardes al sol y algún momento de desenfreno nocturno que otro.
Pero pronto te convertiste en mucho más. Miles son los sitios que pueden dejarte anonadado desde que llegas a ellos por su hermosura visual, por su esplendor natural. Pero tú…tú eres un igual. Eres mi otra parte, mi musa, la parte que me complementa y llena mi cabeza de momentáneas genialidades que mantienen a este loco. Eres también mi yo sereno, aquel que se opone a mis arranques de ira, que lucha contra la mayor de mis tristezas. Eres tú quién me trae el silencio que necesito cuando las palabras pierden su significado, quien me da todo cuando todo lo he perdido. Eres tú quien me recordó más de una vez el valor de la vida, de sus matices; quién sino tú me hizo comprender lo grande de lo diminuto, la seguridad que ocultaban mis dudas, la certeza de que por muchos altibajos que tuviera en mi existencia, no eran sino parte de un camino que, como tú, se yergue varios metros sobre el mar de desesperación en que a veces me sumerjo. Me enseñaste la simplicidad del problema más complejo, me hiciste reflexionar, me obligaste a cavilar una y otra vez sobre aquello que mi mente se negaba a aceptar, y fuiste inflexible conmigo en ese aspecto. Bendita fusión entre dureza y dulzura, que si me torturaba por dentro como si de una llama bajo mis pies se tratase, era sólo para ofrecerme una escalera directa a un tejado de paz interior donde salvarme de ese infierno en ascuas. Siempre me recibiste sin importar horarios; y me ofreciste tu cuerpo como apoyo y tu soplo de brisa fresca como aliento.
Fuiste tú quien amansó mi juventud, y quien espero me reciba cuando deje de escribir por ser demasiado viejo. Te debo tanto…tantos recuerdos, tantos momentos felices, tantos llantos, tantas sonrisas, tantas caras serias, tantas reflexiones, tantos poemas, tantas líneas sin aparente sentido salvo para nosotros dos…tanto.
Gracias, porque esta noche, como tantas otras, estabas ahí.
Es sorprendente como a veces debemos más a sitios que a personas, ¿no?
ResponderEliminarTenemos algo de nostros en lugares ajenos. Ojalá los encontremos.
ResponderEliminarO mejor aún, que nos encuentren ellos a nosotros. Que quien busca no encuentra.
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